martes, 8 de octubre de 2013

Prevenir el asma



El asma es una enfermedad crónica que en España afecta a una de cada 10 o 20 personas. Aunque no se puede prevenir, sí minimizar las crisis, si se reduce o elimina la exposición al alérgeno desencadenante en cada caso concreto. De hecho, un seguimiento estricto de los factores que agudizan la enfermedad supone una disminución en el número de crisis y una mejora de la calidad de vida del enfermo. Sin embargo, las últimas investigaciones señalan que los pacientes tienen poca información al respecto, además de una falsa sensación de tener su enfermedad bajo control. Y, en realidad, solo el 33% de los asmáticos se cuida de forma correcta.

Asma: bajo conocimiento y poco autocuidado

En fechas recientes, la revista 'Archivos de Bronconeumología' de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) publicaba los datos de un estudio efectuado por el Grupo Emergente de Asma (GEA) del Área de Asma de esta sociedad, para mostrar qué grado de conocimiento tienen las personas diagnosticadas de asma alérgica sobre su enfermedad. Los resultados fueron mucho peores de lo que cabría esperar.

Los datos ponen de manifiesto que, a pesar de que el 49% de los pacientes con asma alérgica atendidos en servicios de neumología conocen sus alergias, solo un 33% se cuida de forma correcta: demuestran conocimientos sobre los desencadenantes a los que son sensibles y actúan en consecuencia, esto es, siguen conductas de evitación, para reducir o eliminar la exposición al alérgeno.

Según se extrae del sondeo, donde un 76% de los preguntados aseguraba tener un nivel de estudios medio o superior, esta falta de conocimientos y de autocuidado no se podría atribuir a ellos por completo, sino, piensan los autores de la investigación, que también habría que valorar cómo son las estrategias educativas actuales e incorporar a la práctica clínica el registro del seguimiento de las recomendaciones.

De la misma manera, otros estudios relacionados apuntan que más de la mitad de los pacientes con asma tienen la falsa sensación de tener bajo control su enfermedad. Esta errónea impresión les lleva a sufrir más síntomas (como la disnea) y de forma más frecuente y crisis asmáticas más repetidas, que provocan un empeoramiento de su calidad de vida. Asimismo, por la agudización de la enfermedad, necesitan más medicación de rescate y más recursos sanitarios.

Además, el asma es motivo de bajas laborales y representa un gran gasto sanitario. Se estima que se le destinan 1.480 millones de euros de todos los recursos de la sanidad pública y hasta un 70% del total corresponde a las consecuencias del mal control de la enfermedad. Parece obvio, entonces, que aunque la atención a los pacientes con asma ha mejorado, queda mucho por hacer todavía.

Asma: cuidado con los factores que desencadenan una crisis

"Prevenir es mejor que curar" reza el dicho popular. Y aunque en el asma es difícil porque no se conoce la causa principal que hace que se desarrolle, en personas con antecedentes familiares de enfermedad asmática (cerca de la mitad de los afectados tienen antecedentes familiares, aunque todavía no se conocen bien los patrones genéticos) o personales de alergia, los especialistas señalan que hay algunas actitudes que podrían contribuir a prevenirla.

Estas personas más susceptibles deberían mantener a raya los factores desencadenantes inespecíficos, como el humo de tabaco o los resfriados. Cuando uno ya está diagnosticado de alguna alergia, primero deberá extremar las precauciones relacionadas con el desencadenante específico y, además, tener en cuenta que con el paso del tiempo puede volverse alérgico a otras sustancias.

Los pacientes con asma alérgica y rinitis tienen más probabilidades de sufrir una alergia alimentaria que el resto de la población, según un estudio, realizado por investigadores del Hospital Clínic de Barcelona, que se presentó en la XXII Reunión de Invierno de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR). También cabe recalcar que, a pesar de que no todos los casos de asma son debidos a alergias, y no todas las alergias ocasionan síntomas de asma, están muy relacionadas: se calcula que entre el 75% y el 85% de los niños con asma padece algún tipo de alergia y la mitad de los alérgicos sufre asma.

Otras sustancias que hay que evitar son las que al inhalarse desencadenan reacciones alérgicas en el aparato respiratorio (asma o rinitis alérgica estacional), los denominados neumoalérgenos: polen, ácaros y mascotas.

Otros factores desencadenantes que, aunque no son la causa primera de asma, contribuyen a producir síntomas o crisis asmática, sin que intervenga ningún mecanismo alérgico, son: el frío, la humedad y la nieve; el ejercicio físico intenso; los ambientes contaminados, sobre todo, por el humo de tabaco; infecciones respiratorias como resfriados y gripe o bronquitis; medicamentos como aspirina y derivados y betabloqueantes; e, incluso, las emociones fuertes.

El asma, pacientes en aumento

En España, el asma tiene una prevalencia que oscila entre el 7% y el 10% en la población adulta y el 10% de los niños, según diferentes estudios. En las dos últimas décadas ha aumentado esta cifra aunque se desconoce el motivo exacto.

Al ser más frecuente en sociedades de países desarrollados, la "teoría de la higiene" ha ganado adeptos. Esta culpa la excesiva preocupación por vivir en ambientes libres de microorganismos, que alteraría al sistema inmunológico y provocaría una respuesta exagerada a ciertos estímulos, desarrollando el asma y otras enfermedades alérgicas.

Por el contrario, hay estudios que señalan que habitar en un entorno rural y con hermanos y convivir con animales en un ambiente de granja son factores que podrían proteger frente enfermedades alérgicas (como el asma de tipo alérgico), mientras que haber crecido en un entorno urbano y en una familia pequeña se ha relacionado con más casos de alergias.

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