jueves, 27 de marzo de 2014

Adiós a los mitos de la radioterapia



El oncólogo Rodrigo García Alejo tiene un truco. Cuando necesita explicar a sus pacientes cómo han cambiado los aceleradores con los que va a tratarlos les pregunta: «¿Usted se acuerda de cómo eran las televisiones hace diez años y las de hoy? ¿A que no se parecen aquellos aparatos tan voluminosos con las nuevas pantallas planas de alta definición? Pues la tecnología también ha cambiado en poco tiempo los aceleradores de hoy. Nada tienen que ver con los que se utilizaban una década atrás», les dice. Así tranquiliza a los pacientes que aún recelan de la radioterapia, esa herramienta de la oncología tan incomprendida.

El accidente radiológico del Hospital Clínico de Zaragoza hace 24 años con un acelerador lineal, el aparato que administra la radiación para atacar a los tumores, contribuyó a una mala fama injustificada. Así como los mitos que todavía rodean la radioterapia. Sin embargo, es junto a la quimioterapia y la cirugía, una de las tres modalidades de tratamiento más eficaces para luchar contra el cáncer.

Primera elección

Para algunos tumores como los que se localizan en la cabeza o el cuello suele ser la primera elección de tratamiento y cada vez es más frecuente su uso en cánceres tan comunes como el de próstata. «Es muy efectivo y no tiene el riesgo de la cirugía, que puede dejar una secuela de impotencia. Aunque todavía hay pacientes que se quedan más tranquilos con una cirugía “que les quita lo malo”, la mayoría aceptan bastante bien el tratamiento cuando les explicamos las ventajas que lleva asociadas», explica García Alejo, jefe de Oncología Médica del Instituto de Técnicas Avanzadas contra el Cáncer (iTAcC) del Hospital Beata María Ana de Madrid.

La radioterapia permite atacar el cáncer de una forma personalizada. Cada tratamiento se planifica para cada paciente y se modifica en función de la evolución del tumor. Es precisa porque el haz de radiación se dirige únicamente contra la lesión que se quiere destruir. No es necesario hacer un ingreso hospitalario para recibir una sesión ni requiere anestesia porque es ambulatoria. No quema y no convierte a los pacientes en agentes radiactivos. La radiación «no se lleva puesta a casa», como siguen creyendo algunos enfermos.

A todas estas bondades ha contribuido una tecnología cada vez más precisa. La radioterapia ha experimentado una revolución en poco tiempo que hoy permite atacar las lesiones cancerosas sin dañar el tejido sano, con un margen de error de tan solo un milímetro, frente al 1,5 centímetros de las máquinas antiguas. También se puede actuar en órganos, como los pulmones o el hígado, que están en continuo movimiento aunque el paciente permanezca extremadamente quieto.

Nueva tecnología

La radioterapia ha estado rodeada siempre de numerosas incertidumbres que están borrando los nuevos equipos, como el True Beam STX.. «Es el acelerador lineal más preciso, fiable y completo que existe. Con él se inaugura un nuevo concepto que podríamos denominar radioterapia mínimamente invasiva en la que podemos administrar altas dosis de radiación con una precisión desconocida hasta ahora», asegura.

El acelerador permite sincronizar el haz de radiación con la respiración del paciente y el movimiento que experimentan sus órganos durante el tratamiento. La sesión dura muy pocos minutos. El mayor tiempo se dedica a planificar la sesión para garantizar que todo se ejecuta con una precisión submilimétrica.

La planificación se realiza con el apoyo de un panel digital gigante que funciona como un tablet. En este panel se fusionan las imágenes de PET, TAC y renonancia magnética y el resultado es una imagen tridimensional y precisa de cada tumor. «Reunimos en un monitor imágenes y datos que hasta ahora estudiábamos por separado. Planificamos el tratamiento como si navegáramos virtualmente por el cuerpo del paciente. En los dos meses y medio de experiencia que tenemos con este equipo con 50 pacientes hemos obtenido resultados equiparables y superiores a la cirugía», explica con entusiasmo García Alejo.

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