miércoles, 7 de mayo de 2014

Mayores activos, corazones sanos



Mantener pero sobre todo aumentar la cantidad o la rapidez de la actividad física después de los 65 años puede mejorar el bienestar eléctrico del corazón y reducir el riesgo de infarto cardiaco, según concluye un nuevo estudio publicado en 'Circulation: Journal of the American Heart Association'.

En grabaciones de monitores cardiacos tomadas durante cinco años, los investigadores vieron que las personas que caminaban más y más rápido y pasaban más tiempo de ocio físicamente activos registraban menos ritmos irregulares del corazón y una mayor variabilidad de la frecuencia cardiaca que aquellos que eran menos activos.

La variabilidad de la frecuencia cardiaca es la diferencia en el tiempo entre un latido y el siguiente en la vida cotidiana. "Estas pequeñas diferencias están influenciadas por la salud del corazón y del sistema nervioso que regula el corazón", apunta la autora principal de este estudio, Luisa Soares-Miranda, investigadora en la Escuela de Salud Pública de Harvard, en Boston, Estados Unidos, y la Facultad de Deporte de la Universidad de Oporto, en Portugal.

"Las primeras anomalías en este sistema son recogidas por cambios en la variabilidad de la frecuencia cardiaca y estos cambios predicen el riesgo de ataques cardiacos futuros y la muerte", agrega. Los investigadores evaluaron 24 horas de grabaciones de monitores cardiacos de 985 adultos (de 71 años de media) que participan en el 'Cardiovascular Health Study', un gran estudio de los factores de riesgo de enfermedad cardiaca en las personas mayores de 65 años.

Durante la investigación, los autores vieron que cuanta más actividad física se realice, mejor será la variabilidad de la frecuencia cardiaca. Así, los participantes que aumentaron la distancia o el ritmo de la marcha durante los cinco años de análisis presentaban una mejor variabilidad de la frecuencia cardiaca que los que redujeron la cantidad y la rapidez con la que caminaban.

"Cualquier actividad física es mejor que nada, pero mantener o aumentar su actividad añade beneficios para el corazón a medida que se envejece", concreta Soares-Miranda. "Nuestros resultados también sugieren que estos cambios beneficiosos caen cuando se reduce la actividad física", añade.

Los investigadores calcularon que la diferencia entre los niveles más altos y más bajos de actividad física se traducirían en un riesgo estimado de un 11 por ciento menor de ataque cardiaco o muerte súbita cardiaca. "Así que si usted se siente cómodo con su actividad física habitual, no la ralentice o disminuya a medida que envejece, trate de caminar más o a un ritmo más rápido y, si no está físicamente activo, nunca es demasiado tarde para empezar", aconseja Soares-Miranda.

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