miércoles, 19 de septiembre de 2012

Las temperaturas extremas pueden aumentar el riesgo de muerte cardiovascular prematura



Las temperaturas extremas durante las olas de calor y de frío pueden aumentar el riesgo de muerte por enfermedad cardiovascular prematura (ECP), según una nueva investigación publicada en la revista 'Circulation: Cardiovascular Quality and Outcomes'.

El estudio llevado a cabo en Brisbane (Australia) es el primero en el que los investigadores examinan la asociación entre la temperatura media diaria y los 'años de vida perdidos' debido a la ECP.

Los hallazgos muestran cómo responde el cuerpo a las condiciones extremas, la obesidad y los cambios climáticos de la Tierra, señala Cunrui Huang, investigador principal del estudio de la Universidad Tecnológica de Queensland, en Brisbane. La exposición a temperaturas extremas puede provocar cambios en la presión arterial, en el espesor de la sangre, el colesterol y la frecuencia cardiaca.

Los investigadores recopilaron datos sobre las temperaturas diarias en Brisbane entre 1996 y 2004, y los compararon con las muertes relacionadas con enfermedades cardiovasculares en el mismo periodo. Brisbane tiene veranos cálidos y húmedos e inviernos suaves y secos. La temperatura media promedio diario fue de 20,5 grados Celsius, el 1 por ciento de los días más fríos se caracterizan por las olas de frío y los más cálidos por olas de calor.  Según los investigadores, por cada 1 millón de personas, se perdieron en total 72 años de vida por día debido a las enfermedades cardiovasculares.

El riesgo de muerte por ECP aumentó cuando el calor extremo se mantuvo durante dos o más días. "Esto podría deberse a la tensión constante sobre los sistemas cardiovasculares de los afectados, a los sistemas de salud desbordados y a que las ambulancias tardan más en llegar a los casos de emergencia", señala Adrian G. Barnett, coautor del estudio y profesor de Bioestadística en la Universidad Tecnológica de Queensland.

Pasar unas horas al día en un ambiente templado puede ayudar a reducir enfermedades y muertes debidas al calor y frío extremos, afirma Barnett. El investigador reconoce que los resultados pueden no ser aplicables a otras comunidades y que sólo se consideraron las muertes en las que la ECP fue la causa subyacente.

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