lunes, 23 de junio de 2014

El esplendor de la pastilla



A finales de los 80, los botiquines de primeros auxilios caseros no se parecían mucho a los actuales. La estrella era, sin duda, el termómetro de mercurio, ahora prohibido por la Unión Europea. Y junto a él reinaba la casi olvidada mercromina, acompañada de un séquito de aspirinas infantiles y temidos supositorios para la fiebre.

Al igual que en los hogares, el arsenal terapéutico disponible en farmacias y hospitales también ha cambiado muchísimo en el último cuarto de siglo. Se han incorporado nuevas moléculas, tratamientos alternativos y principios activos que, en algunos casos, han logrado modificar el curso de la enfermedad y han supuesto un antes y un después en la calidad de vida de los pacientes.

Uno de ellos es el tratamiento para la úlcera. Para Nicanor Floro Andrés, director de la revista científica de la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria, el descubrimiento del culpable del trastorno, la bacteria Helicobacter pylori, y el desarrollo de un tratamiento efectivo para solucionar el problema ha supuesto una auténtica revolución sanitaria.

«Hasta la llegada de los inhibidores de la bomba de protones, la úlcera de duodeno había que operarla, con todo lo que eso implica». Ahora, en cambio, con omeprazol y una combinación de antibióticos, «el problema puede estar resuelto en días», subraya.

Para el farmacéutico, otro ejemplo paradigmático de éxito terapéutico han sido las estatinas, los fármacos que desde el inicio de los años 90 se emplean de forma masiva para bajar las cifras de colesterol. «Estos medicamentos consiguen reducciones del 30% o el 40% en los niveles de colesterol, una efectividad que no tenía ninguna de las terapias que existían previamente», explica. La popularidad de las diferentes versiones de estos fármacos -lovastatina, simvastatina, atorvastatina, etc-, ha ido creciendo de forma paralela a la consideración del exceso de LDL -o colesterol malo- como uno de los principales enemigos del corazón, continúa Andrés, si bien existe cierta polémica sobre su excesiva indicación.

En la prevención de las complicaciones asociadas a la enfermedad cardiovascular, Andrés también destaca el papel de un fármaco que, aunque no nació a finales del siglo XX, sí ha dado a conocer algunas de sus caras más beneficiosas en los últimos años: la aspirina. «Es un fármaco que tiene 150 años y que no ha dejado de aportar nuevas indicaciones. Una de las más importantes es su utilidad como antiagregante y eso se descubrió recientemente», señala el especialista, quien también cita la utilidad de su compañero clopidogrel en la reducción del riesgo vascular.

Otros de los medicamentos que más peso han ganado en las farmacias en los últimos años son los antidepresivos. La fluoxetina -más conocida por su nombre comercial, Prozac- se popularizó tremendamente durante el apogeo de Wall Street, hasta el punto de que comenzó a «utilizarse en cosas para las que no estaba indicada, como la tristeza», subraya Francisca González, miembro del grupo de utilización de fármacos de Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (SEMFYC).

En el hospital

Esta especialista remarca que no sólo los medicamentos dispensados en las boticas han experimentado una evolución radical en los últimos 25 años. También en las farmacias hospitalarias se ha vivido un punto de inflexión. Y «uno de los principales artífices de este cambio han sido los antirretrovirales que se emplean frente al VIH».

Coincide con su opinión Albert Figueras, profesor del Departamento de Farmacología, Terapéutica y Toxicología de la Universidad Autónoma de Barcelona, quien recuerda que, a principios de los 80, la detección del virus del sida en un organismo era casi el equivalente a una sentencia de muerte. Sin embargo, con el descubrimiento en 1987 del primer fármaco efectivo, conocido como AZT, el pronóstico de los seropositivos comenzó a cambiar. Hoy, un abanico de alternativas permiten que, al menos en el primer mundo, la infección «se haya convertido en una afectación crónica que cada vez tiene mejores perspectivas y, los afectados, mejor calidad de vida».

En su repaso a los últimos 25 años de historia farmacológica, Figueras destaca también el papel de los interferones o los anticuerpos monoclonales, unas sustancias nuevas, obtenidas de una forma diferente a los fármacos convencionales y que actúan sobre distintos aspectos relacionados con la inmunidad de la persona. Según explica, «se han depositado grandes esperanzas» en estos medicamentos, si bien «habrá que esperar algunos años para valorar de forma adecuada el papel que ocupan en la terapéutica». La medicina, continúa Figueras, «avanza lentamente y el verdadero impacto de una novedad sólo se puede valorar adecuadamente con el paso del tiempo».

Para todos los especialistas consultados, hay otro fármaco que, por su popularidad, merece un hueco en la lista de los fármacos más destacados en los últimos años: el sildenafilo -muchísimo más conocido como Viagra, su nombre comercial-. La famosa pastilla azul «sacó del secretismo el problema de la disfunción eréctil», subraya González, pero también fue uno de los primeros medicamentos lanzados por «una campaña promocional a escala global en la que aparecían estrellas mediáticas», apunta Figueras. «Si bien hay hombres que se han beneficiado directamente por el efecto del principio activo, queda por saber cuántos se han beneficiado por un efecto placebo» y cuántos, por un consumo recreativo inapropiado, han sufrido efectos indeseables.

En todos estos años, recuerda Figueras, no sólo ha habido éxitos farmacológicos. En la historia de la farmacología también se han escrito sonoros fracasos que, lejos de cumplir con las expectativas, acabaron retirados del mercado por problemas asociados e incluso graves reacciones adversas. El caso más sonado quizás sea el de rofecoxib (Vioxx era el nombre con el que se vendía), un inhibidor selectivo de la COX-2, que prometía ser una buena alternativa al resto de antiinflamatorios. Logró hacerse un importante hueco en el mercado, pero acabó fuera de las farmacias por los problemas cardiovasculares que generaba. En la misma línea, también los antidiabéticos pioglitazona (Actos era su nombre comercial) y rosiglitazona (más conocido por Avandia) sufrieron una sonada caída al comprobarse que «sus beneficios no superaban a sus riesgos», tal y como señaló la Agencia Europea del Medicamento en 2010, cuando decidió suspender su uso por sus comprobados riesgos cardiovasculares. El ocaso de la sibutramina (Reductil) fue más rápido. Aprobada a finales de los noventa por sus propiedades para promover pérdidas de peso en pacientes obesos, fue retirado en 2010 por sus riesgos cardiacos.

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