martes, 5 de febrero de 2013

Los 7 mitos más comunes sobre la obesidad



Ni el acto sexual quema tantas calorías, ni la lactancia materna protege frente a la obesidad. La obesidad está llena de mitos y falsas creencias. Mitos que son alimentados por la población general, los medios de comunicación, los organismos oficiales e incluso por algunos médicos y científicos y que hacen que, en muchas ocasiones, las políticas diseñadas para combatir esta epidemia del siglo XXI están mal diseñadas.

Un artículo publicado en The New England Journal of Medicine repasa algunos de los mitos más aceptados por la sociedad y sobre los que no hay ninguna evidencia científica, sino más bien todo lo contrario, pero también recoge algunas creencias sobre la obesidad, y por su supuesto cómo adelgazar, sobre las que tampoco hay pruebas suficientes como para que sustenten políticas de prevención de la obesidad. Esto, subrayan los autores del artículo, de la Universidad de Alabama, en Birmingham (EE.UU.), es especialmente importante porque las políticas para luchar contra esta plaga debe estar diseñadas a partir de evidencias científicas y no en creencias.

La comunidad científica reconoce que los estudios aleatorizados ofrecen la mejor forma de refutar una relación causa-efecto; sin embargo, desde que en 1960, Sir Austin, demostrara la relación causal entre el tabaco y el cáncer de pulmón, se asumió que en determinadas circunstancias -cuando no sea ético o factible realizar un estudio aleatorio- se podría inferir la causalidad aunque hubiera ausencia de datos de estudios aleatorias. Ahora bien, señala David Allison, coordinador del estudio, el problema viene cuando, por causas diversas, se presiona para que se aceptan suposiciones que no han sido demostradas científicamente. Y esto, denuncia el artículo, es lo que ocurre muchas veces cuando se habla de obesidad y de su prevención y tratamiento.

Los 7 mitos sobre la obesidad

1. Pequeños cambios en la ingesta o en el gasto energético sostenidos en el tiempo puede producir cambios en el peso a largo plazo.
Se piensa que si se reduce la ingesta de calorías o se aumenta el gasto energético al hacer más ejercicio de forma sostenida se logran cambios en el peso. Se denomina la regla de las 3.500kcal; sin embargo, aunque sí es cierto que hay un efecto sobre el peso, los estudios se llevaron a cabo en grupo muy determinado de personas y durante un corto periodo de tiempo. Por ejemplo, mientras que la norma 3500kcal predice que una persona que aumente el gasto energético diario a 100 Kcal. por caminar 1,6 Km. al día puede perder casi 23 kilos en 5 años, la pérdida de peso real sería sólo de 4,5, y siempre suponiendo que no haya un aumento compensatorio en la ingesta calórica.

2. Objetivos realistas: Fijar metas realistas para bajar de peso es importante, porque de lo contrario los pacientes se frustran y pierden menos peso.
Aunque se trata de una hipótesis razonable, los datos científicos indican que no hay ninguna asociación negativa entre ambiciosos objetivos y la finalización de un programa para perder peso. De hecho, varios estudios han demostrado que las metas más ambiciosas a veces se asocian con mejores resultados de pérdida de peso.

3. Tasa de Pérdida de Peso: Perder mucho peso de forma brusca se asocia con peores resultados a largo plazo que hacerlo de forma gradual.
Un reciente metanálisis que analizaba los efectos a largo plazo de dos dietas para perder peso, una más agresiva y otra más leve y sostenida, mostró que los resultados eran prácticamente iguales.

4. Buena disposición ante la dieta: Es importante tener una buena actitud ante la dieta para que los pacientes pierdan peso.
Una buena disposición no predice el peso que se va a perder ni la adhesión a la dieta, tanto en personas que se someten a un programa de adelgazamiento como en aquellos que son tratados mediante cirugía de la obesidad. Así lo han demostrado 5 estudios, con más de 3.900 participantes.

5. Educación física: Las clases de educación física, tal y como se plantean actualmente, desempeñan un papel importante en la prevención de la obesidad infantil.
Desde luego, dice el artículo, tal y como se han diseñado en EE.UU., no parecen prevenir ni reducir la obesidad en los niños. Los resultados de tres estudios muestran que, aunque se ha aumentado el número de horas de clase de educación física, sus efectos en el índice de masa corporal han sido irrelevantes.

6. Leche materna y obesidad. Dar el pecho protege frente a la obesidad.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que los niños que son amamantados tienen menos probabilidades de ser obesos. Sin embargo, los estudios sobre los que se basa la recomendación de la OMS han sido acusados de sesgo. Por otra parte, estudios con un mejor control de los factores de confusión (aquellos que por ejemplo han incluido análisis de hermanos dentro de una misma familia) y otro ensayo aleatorizado en el que se controló a más de 13.000 niños durante más de 6 años no han aportado ninguna prueba convincente de un efecto beneficioso de la lactancia materna sobre la obesidad. Pero, a pesar de que los datos existentes indican que la lactancia materna no tiene efectos importantes contra la obesidad en los niños, sí tiene otros importantes beneficios para el bebé y la madre, por lo que debe fomentarse.

7. Actividad sexual y gasto energético.
Al contrario de lo que siempre se ha dicho, el sexo no adelgaza. Se cree que cada vez que se realiza un acto sexual se consumen 100 y 300 Kcal.; sin embargo, está demostrado que, como media, se gastan unas 21kcal, más o menos tres veces más de lo que se gasta al estar sentado viendo la televisión.

El artículo también señala algunas creencias sobre la obesidad que, no han sido probadas, pero tampoco denostadas.

1. El valor del desayuno: un buen desayuno protege contra la obesidad.
Se cree que las personas que no desayuna, o lo hacen mal, son más propensas a ser obesas; sin embargo, no hay datos que lo desmientan ni lo corroboren.

Comer bien y hacer ejercicio durante la infancia puede, o no, proteger frente a la obesidad. Los estudios sugieren que el genotipo es más determinante.

3. El valor de las frutas y verduras.
Comer mucha fruta y verdura ayuda a no engordar o perder peso, independientemente de otros factores. Si bien es cierto que es saludable, no está demostrado que ayude a perder peso (tampoco se niega).

4. Cambios en el peso y mortalidad.
Cambios bruscos en el peso, como la dieta yo-yo, se asocian con una mayor mortalidad. Tampoco, dice el documento, hay estudios epidemiológicos que lo demuestren.

5. Picar entre horas contribuye a ganar peso.
No hay ningún estudio que haya encontrado relación entre picar entre horas y el riesgo de obesidad.

6. Medio Ambiente y obesidad.
Los entornos urbanos, la disponibilidad de zonas verdes, etc., contribuyen a a la obesidad. De acuerdo con una revisión sistemática, casi todos los estudios que muestran la asociación entre el riesgo de obesidad y un entorno edificado han sido observacionales. Además, no han demostrado asociaciones consistentes, por lo que no se pueden sacar conclusiones.

Los autores concluyen que los mitos y presunciones acerca de la obesidad descritos son sólo una muestra de las numerosas creencias apoyadas por muchas personas, incluyendo científicos, legisladores y periodistas, así como el público en general. Sin embargo, hay datos sobre la obesidad sobre los que podemos estar razonablemente seguros y sobre los que se deben basar las políticas de prevención de la obesidad. Ahora bien, siempre debemos estar abiertos y honestos con el público sobre el estado de nuestro conocimiento y el rigor debe ser el que nos guíe a la hora de evaluar estrategias no probadas.

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