martes, 19 de febrero de 2013

Los médicos deberían aprender a cocinar antes de aconsejar



Muchas horas entre libros, días enteros de guardia en el hospital, cursos de especialización frecuentes... Se puede decir que los médicos son unos profesionales que han pasado gran parte de su vida formándose y que, una vez inician su faceta laboral, pasan mucho más tiempo centrados en su trabajo. Pero, cuando se trata de hacer recomendaciones prácticas sobre nutrición, ¿cómo de 'puestos' están? ¿Comparten con sus pacientes alguna receta saludable? ¿La cocinan, o ellos también recurren a la comida rápida?

Una investigación, que recoge esta semana la revista 'JAMA of Internal Medicine', fija el punto de atención precisamente en este tema y demuestra que, cuando el médico es consciente, sabe y recibe algunas clases culinarias, se ve más capacitado para transmitir mejor a sus pacientes trucos y nociones sobre nutrición y hábitos saludables.

"Rara vez los médicos y los expertos en cocina comparten información, estrategias e ideas sobre cómo estos dos tipos de profesionales podrían unirse para disminuir las tasas de obesidad y enfermedades relacionadas con la dieta y las elecciones en los hábitos de vida", señala David M. Eisenberg, médico de la facultad de Salud Pública y Medicina de la Universidad de Harvard, en Boston (EEUU) y autor de este artículo.

Eisenberg explica que, desde hace unos años, se creó un seminario 'Cocinas sanas, Vidas sanas- Cuidando de nuestros pacientes y de nosotros mismos' que se imparte a lo largo de cuatro días en la Universidad de Harvard y en el Instituto Culinario de América. En este curso se incluyen presentaciones de epidemiólogos, nutricionistas, cocineros, expertos en fisiología del ejercicio y especialistas del comportamiento. Los profesionales de la salud que se registran en este seminario (médicos, enfermeras, etc.) atienden estas charlas y también realizan talleres: de cocina, aperitivos sanos, degustación de platos...

Para comprobar que estos talleres y charlas son útiles para mejorar la salud de los médicos y de sus pacientes, Eisenberg realizó a 387 profesionales sanitarios que se registraron en este seminario una encuesta anónima antes de acudir a este seminario y tres meses después. De todos ellos, 219 completaron la encuesta previa y 192 realizaron el cuestionario de seguimiento.

Tras analizar las respuestas, se pudo comprobar que se habían producido una serie de cambios positivos en estos profesionales de la salud: se pasó de un 58% a un 74% de participantes que cocinaban con frecuencia su propia comida; un 64% de ellos (frente a un 54% en el inicio) era consciente de la ingesta de calorías que tomaba; aumentó un 16% el número de médicos que comía verduras con frecuencia; se incrementó un 10% la tasa de estos profesionales que consumía frutos secos; se duplicó (de un 46% a un 81%) la cifra de quienes se sentían con capacidad para valorar el estado nutricional de un paciente y la de quienes se veían capaces de realizar con éxito recomendaciones nutricionales y sobre el estilo de vida a personas con sobrepeso u obesidad.

Teoría vs práctica

Para Domingo Orozco, vicepresidente de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc), promover hábitos saludables es fundamental para prevenir y tratar enfermedades. "En España, este papel lo cubre más enfermería. La ventaja es que tenemos equipos de salud, con una visión más de conjunto, y dentro de ellos, la enfermería es quien hace la formación de estos hábitos saludables".

Una de las claves para llegar a los pacientes es manejar el día a día, según señala Orozco. "Por eso a veces realizamos talleres con ellos en el mercado o en asociaciones de vecinos para, de una manera práctica, transmitirles información más fácilmente. De todas formas, también creo que tenemos mucho que aprender de los pacientes. Por ejemplo, las personas con diabetes nos enseñan mucho, son ellas quienes nos dicen los alimentos que más les suben el azúcar. Necesitamos fomentar la complicidad con ellos".

Por otro lado, Jesús Sueiro, presidente de la asociación gallega de Medicina Familiar y Comunitaria, señala que aunque estos talleres son recomendables, y de hecho, él ha asistido a varios teóricos sobre nutrición, "no se trata sólo de un tema de conocimiento. A veces, tú das ciertos consejos a los pacientes que estos no llevan a la práctica, porque existen otros condicionantes del día a día que hacen que no los lleven a cabo".

Eisenberg asegura que "muchos profesionales de la salud aspiran a aconsejar a sus pacientes sobre los hábitos dietéticos y también a servirles de modelo. Sin embargo, ellos, al igual que sus pacientes, con frecuencia tienen lagunas de conocimiento y de experiencia práctica para dar consejos proactivos a sus enfermos. Necesitamos mejorar los esfuerzos educacionales orientados a trasladar décadas de ciencia nutricional en estrategias prácticas mediante las cuales se puedan ofrecer recetas ricas, de fácil preparación, sanas y asequibles, para que lleguen a ser los elementos predominantes de la dieta habitual de una persona".

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