martes, 16 de septiembre de 2014

Perder peso y hacer ejercicios vaginales, mejor que las pastillas para evitar los 'escapes'



La incontinencia urinaria (IU) es un problema del que apenas se habla, pero es tan común que el Colegio Estadounidense de Médicos (ACP, de sus siglas en inglés) acaba de publicar unas guías de práctica clínica para ayudar a galenos y pacientes a manejarlo. Y entre las muchas recomendaciones, una destaca por encima de todas: las medidas no farmacológicas son, según la medicina basada en la evidencia, una mejor opción a los medicamentos para el tratamiento de este problema, según se puede leer en la última edición de Annals of Internal Medicine, que recoge las nuevas recomendaciones.

Aunque algunos consejos son viejos conocidos de las mujeres de mediana edad, en esta ocasión su recomendación se basa en estudios que han demostrado su eficacia. La guía incluye, además, pautas específicas para cada tipo de incontinencia urinaria.

Así, para las féminas que experimentan incontinencia urinaria por estrés -que consiste en la incapacidad de retener la orina cuando se ríe, se tose o se estornuda- el ACP recomienda los famosos ejercicios de Kegel que, básicamente, consisten en contraer los músculos vaginales tres segundos por contracción y tres segundos por relajación repitiendo series de 10 veces, tres veces por día. Pero, además, los médicos estadounidenses desaconsejan específicamente la farmacoterapia para estos casos.

El otro tipo más común de incontinencia urinaria es la de urgencia, que se define como las pérdidas de orina sin razón aparente tras sentir una repentina necesidad urgente de orinar. Para este tipo de escapes, el ACP aboga por el llamado entrenamiento vaginal, que consiste en una terapia cognitiva que incluye intentar orinar siguiendo un horario e ir incrementando gradualmente el tiempo entre visitas al servicio.

Sin embargo, las guías apuntan a la posibilidad de que, ni siquiera con este entrenamiento, se consiga controlar la incontinencia de urgencia y es en estos casos cuando el médico sí debe plantearse prescribir un tratamiento farmacológico, que ha de elegirse "según la tolerabilidad, los efectos secundarios, la facilidad de uso y el coste".

Los autores de las guías dedican todo un apartado a desglosar los medicamentos que han demostrado eficacia para este problema y que incluyen fármacos antimuscarínicos, como la darifenacina o la fesoterodina (entre otros) y agonistas adrenoceptores de la B-3 como el mirabegron o el solabregon. El documento desglosa la evidencia publicada con respecto a cada fármaco e incluso las comparaciones entre ellos, aunque anima al médico a elegir entre las distintas opciones.

Para la llamada incontinencia mixta, que consiste en una combinación de los dos tipos anteriormente mencionados, el ACP recomienda la realización de ejercicios de Kegel y el entrenamiento vaginal. En el caso de las mujeres obesas, añade a esta prescripción la de perder peso y practicar ejercicio regularmente.

"Los médicos deben optar por los tratamientos no farmacológicos siempre que puedan", explica el presidente del ACP, David Fleming que señala las razones obvias para este consejo: "Son efectivos, tienen menos efectos secundarios y son menos caros que la medicación". "Aunque varios fármacos pueden mejorar la incontinencia, los efectos adversos llevan muchas veces a que los pacientes discontinúen su uso", concluye.

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