jueves, 4 de septiembre de 2014

¿Interrupciones controladas del tratamiento antirretroviral?



Los últimos meses han registrado sendos casos de fracaso en la búsqueda de la cura contra el VIH. En primer lugar, los dos pacientes seropositivos que, tras recibir un trasplante de médula por padecer un linfoma, parecieron dejar de necesitar antirretrovirales, aunque la esperanza se diluyó al poco tiempo. En segundo, el aparente milagro del bebé de Mississippi, que también quedó en aparente milagro. La niña, curada tras la aplicación de una terapia antirretroviral a altas dosis tan solo 30 horas después de su nacimiento, volvió a mostrar infección dos años después de la interrupción del tratamiento.

Aunque los expertos insisten en que se trata de fracasos lógicos y esperados (lo llamativo eran las aparentes victorias), un artículo publicado recientemente en Science apunta a un dato que podría modificar el curso de la infección.

Los autores, el matrimonio formado por Janet y Robert Siliciano, son figuras importantes en la lucha contra el VIH. En concreto, él es considerado el padre del hallazgo que modificó el conocimiento que se tenía sobre la forma de actuar del virus, ya que descubrió que este se escondía latente en remotos reservorios del organismo y que ahí residía precisamente la incapacidad para destruirlo.

El artículo, titulado El redespertar de la infección por VIH, se pregunta qué información ofrece el caso del bebé estadounidense que se pueda aprovechar en la búsqueda de la cura de la infección por VIH.

Y la respuesta es esperanzadora y sorprendente al mismo tiempo: para los Siliciano, estos recientes casos proponen un reto para los investigadores, que no es otro que medir de forma adecuada el reservorio latente. Es algo que ya se hace, utilizando un test denominado QVOA por lo que, subrayan, el problema no está en desarrollar una prueba con sensibilidad específica.

La limitación, escriben, es la muestra de tejido que se estudia, debido a que las células latentes se pueden esconder en cualquier parte del cuerpo.

Pero, de conseguir superarse dicha limitación, las consecuencias podrían ser muy positivas para los pacientes.

De hecho, se podría recuperar un concepto abandonado por mucho tiempo, el de las vacaciones terapéuticas: la posibilidad (solo en algunos pacientes) de interrumpir el tratamiento antirretroviral por temporadas y volver a prescribirlo cuando el reservorio volviera a ponerse en marcha.

Pero, antes de lanzar las campanas al vuelo, los autores advierten: habría que encontrar tratamientos específicos que produjeran reducciones espectaculares, es decir, multilogarítimicas, del reservorio latente.

Solo en ese caso, puntualizan, "los pacientes podrían interrumpir su terapia y mantenerse libres de virus durante meses o años" aunque, advierten, el resurgimiento "podría ocurrir de forma repentina e impredecible".

"Aunque el tiempo transcurrido hasta dicha recaída se incrementará según aumente la reducción del reservorio, se puede esperar un gran variación de un paciente a otro", teorizan los Siliciano. Por esta razón, y siempre en ese hipotético escenario, los autores aseguran que el control de la viremia tendría que ser frecuente "durante largos periodos de tiempo".

"Es mucho más probable que logremos conseguir reducciones parciales, que nos permitirían un tiempo prolongado, aunque de duración indeterminada, sin tratamiento, que eliminar todas las células infectadas latentes", concluyen los autores, que afirman que no es demasiado pronto para empezar a planear cómo manejarse en este nuevo escenario de tratamiento del VIH.

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