viernes, 27 de diciembre de 2013

Un ataque al corazón que salva vidas



Un ciudadano madrileño de 67 años es el primer enfermo que puede decir que un infarto le salvó de una muerte segura. El equipo de cardiología del Hospital Gregorio Marañón de Madrid probó con él una medida desesperada que no se había intentado antes: provocarle un infarto, de manera controlada, para acabar con una arritmia maligna que estaba a punto de acabar con su vida.

Todo había fallado con él. Ni el desfibrilador implantado -un dispositivo que contrarresta las arritmias con un choque eléctrico-, ni los intentos para corregir la arritmia a corazón abierto o con cateterismo, funcionaron porque el foco estaba localizado en una zona imposible la que acceder. A este paciente, cuyo nombre no ha transcendido, solo le quedaba esperar que llegara a tiempo un nuevo corazón para trasplantarle, y el tiempo se agotaba.

El foco de la arritmia estaba en el espesor de la pared del ventrículo y próximo a las arterias coronarias. Así que los cardiólogos, dirigidos por Francisco Fernández-Avilés, optaron por provocar un efecto en cadena, menos directo pero más efectivo. Al no poder acceder directamente al foco, bloquearon las arterias coronarias para generar un infarto que fulminó la arritmia. Lo hicieron introduciéndose por la arteria femoral del paciente, con un catéter que viajó hasta las arterias coronarias, allí inyectaron alcohol para ocluir la pequeña arteria que irrigaba el territorio donde estaba la arritmia. Con la muerte de una pequeña porción del tejido cardiaco se acabó también con la arritmia que estaba a punto de acabar con la vida del paciente.

Vivo y sin trasplante

Esta ingeniosa intervención se realizó a principios de enero, pero hoy se ha conocido porque el caso se ha publicado en «Circulation», una de las revistas médicas de mayor impacto en Cardiología. La publicación dedica además un elogioso editorial a una solución que se podrá incorporar como una nueva estrategia para arritmias imposibles de controlar.

El tratamiento no fue solo una solución puente hasta la llegada de un nuevo corazón para trasplante. La arritmia cesó definitivamente y no fue necesario realizarle el trasplante cardiaco. «Hoy el paciente sigue vivo y en buen estado y no ha vuelto a sufrir ninguna arritmia, aunque aún sufre los problemas de su insuficiencia cardiaca, la enfermedad que le provocó esa arritmia maligna», explica a ABC Felipe Atienza, el primer autor del artículo científico.
Con insuficiencia cardiaca

La insuficiencia cardiaca es el fruto de un corazón agotado, un músculo que se contrae con dificultad y es proporcionalmente más grande de lo normal. Una de las consecuencias de la enfermedad, además de causar de fatiga y dificultades para respirar, es la aparición de arritmias ventriculares.

Al paciente tratado le colocaron primero un desfibrilador para contrarrestar las arritmias. El dispositivo implantado en su tórax respondía eficazmente y cada vez que detectaba la arritmia liberaba una descarga de alta energía para anularla. Sin embargo, las arritmias eran cada vez más frecuentes. Sufría lo que los cardiólogos llaman tormenta arrítmica, una tormenta eléctrica en el corazón en la que la actividad del corazón es tan rápida y desorganizada que la sangre no puede bombearse hacia los ventrículos, como si el corazón se detuviera
El desfibrilador anulaba las arritmias, «pero el enfermo no soportaba más descargas dolorosas y su corazón tampoco», recuerda Atienza. En la solución del problema ha sido fundamental el trabajo en colaboración de cardiólogos y expertos en imagen. Sin la localización exacta del foco de la arritmia, gracias a la resonancia magnética y la coronariografía «no hubiéramos podido identificar la arteria objetivo», señala.

Trabajo en equipo

En opinión de Fernández-Avilés, jefe del Servicio de Cardiología del Gregorio Marañón, este caso es un claro ejemplo del buen funcionamiento de un centro de referencia. «Cómo la concentración de los casos más complejos en un reducido número de centros sanitarios con gran experiencia es más eficaz que la dispersión de centros sanitarios por toda la geografía nacional».

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