jueves, 19 de diciembre de 2013

Las claves genéticas del cerebro vulnerable a la esquizofrenia



En Islandia, por ley desde 1998, se recoge toda la información genética de sus ciudadanos. Se trata de hacer un seguimiento global del componente genético de las enfermedades para evaluar la carga hereditaria de las mismas. La empresa farmacéutica que está llevando a cabo estos estudios genéticos, deCODE, es la responsable de un trabajo que ahora publica la revista Nature en el que se han podido identificar las variaciones en el ADN que predicen qué cerebros son vulnerables a sufrir esquizofrenia.

Los investigadores utilizaron los datos genéticos de personas con una edad entre los 18 y 65 años y buscaron variaciones genéticas que están asociadas con la esquizofrenia y/o autismo, en total identificaron 26 mutaciones del ADN vinculados a estos trastornos. Posteriormente compararon los resultados de diferentes pruebas de imagen, cognitivas y psicológicas de personas con estas mutaciones y que sufrían alguna de estas enfermedades con los de otras que tenían estos cambios en su ADN pero no habían desarrollado ni autismo ni esquizofrenia, con personas con otras marcadores genéticos asociados a otros problemas y con voluntarios sanos y sin variaciones genéticas conocidas.

De esta manera, y a través de las múltiples pruebas realizadas, comprobaron que las personas con mutaciones pero sin enfermedad presentaban un nivel neurocognitivo inferior al de una persona sin estas variantes genéticas y similar al de individuos con esquizofrenia, como dificultades en el aprendizaje, peor memoria espacial o reducciones de la materia blanca del lóbulo temporal, entre otras alteraciones.

"Uno de los resultados más importantes de este trabajo es que hemos podido identificar ciertas variantes genéticas que se relacionan con una alteración cognitica que precede a la enfermedad y que quizás contribuye a los síntomas. Antes se creía que el daño en la función cognitiva de estos pacientes era consecuencia de la esquizofrenia, pero este trabajo demuestra que hay diferencias en la estructura cerebral antes de que el trastorno aparezca", asegura a EL MUNDO Hreinn Stefansson, jefe del departamento de enfermedades del sistema nervioso central de la empresa deCODE y principal autor de este trabajo.

Intervención precoz

En el mundo, hay al menos 26 millones de personas que viven con esquizofrenia y el doble de ciudadanos que se ven afectados indirectamente por esta enfermedad. Su naturaleza crónica hace que la vida de las personas que la sufren se vea mermada y que este trastorno esté entre las 10 causas de discapacidad global. Identificar precozmente a las personas que pueden desarrollar esta patología podría permitir establecer intervenciones en la infancia y evitar la exposición a ciertos factores de riesgo que favorecen la enfermedad en personas de riesgo.

Los hallazgos que se están logrando sobre las variaciones en el ADN implicadas en estas enfermedades "hacen que, en un futuro cercano, el diagnóstico diferencial de estos trastornos se realice con arrays [análisis genéticos] que midan estas variaciones y, con ellas, el riesgo no sólo de desarrollar esquizofrenia o autismo sino de una maduración anómala del cerebro. Estas mutaciones son muy buenos predictores del funcionamiento cognitivo y unos test de este tipo son cada vez más baratos, ahora estarán en torno a los 400 euros", afirma Celso Arango, jefe de psiquiatría de la Unidad del Adolescente del Hospital Gregorio Marañón de Madrid y director del Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (Cibersam).

Conociendo qué personas portan estas variantes genéticas, señala este especialista, se puede realizar una intervención precoz para mejorar el nivel cognitivo a través de, por ejemplo, un programa educativo específico. "También se podría intentar evitar la exposición a ciertos factores de riesgo no genéticos a los que el cerebro de estas personas es más vulnerable, como es el consumo de cannabis", apunta Arango quien señala que Stefansson es uno de los mayores investigadores sobre este tema con el que participó hace tres años en un estudio que permitió conocer los genes de la esquizofrenia.

Una nueva clasificación

Por su parte, Julio Sanjuan, jefe del Grupo de Investigación en Psiquiatría y Enfermedades Neurodegenerativas del Instituto de Investigación Sanitaria, explica que "las implicaciones de estos resultados en un futuro serán poder ir dilucidando una nueva forma de clasificación de los trastornos mentales basada en los factores etiopatogénicos y no en solo en la agrupación de síntomas, que es lo que tenemos ahora. Es un cambio de paradigma, porque antes se hablaba de herencia genética, pero este estudio confirma que hay formas genéticas no hereditarias".

En la misma línea se expresa Jerónimo Saiz, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, quien considera que "es un estudio interesante y trascendente que nos ayudará a comprender mejor las bases de la esquizofrenia, de cómo y cuándo se produce. Se trata de un paso hacia el conocimiento que viene de la suma de otros muchos realizados anteriormente y que han venido de la mano de la secuenciación del genoma".

Por último, Sanjuan, que también es responsable del programa de Esquizofrenia del Cibersam, señala que desde este centro hay en marcha varios proyectos que están estudiando, a partir de una muestra de ADN de 4.000 pacientes y controles, la eficacia de diferentes formas de intervención precoz y tratan de "identificar el mejor tratamiento para cada paciente. Las guías clínicas dan la misma pauta para todo el mundo y esto no debe ser así, hay que tender a una medicina personalizada, adaptada a las particularidades genéticas y psicológicas de cada persona, al igual que está pasando en Oncología".

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