martes, 11 de junio de 2013

Un 30% de los jóvenes con depresión tienen un trastorno bipolar



Más del 50 por ciento de los pacientes con trastorno bipolar no son diagnosticados correctamente al inicio y hasta el 30 por ciento de los pacientes jóvenes a los que se les diagnostica depresión tienen, en realidad, un trastorno bipolar, según ha explicado la doctora Ana González-Pinto, Jefe de Psiquiatría Clínica del Hospital Universitario Santiago Apóstol de Vitoria.

Entre los trastornos más frecuentes asociados al trastorno bipolar se encuentran, "desde el punto de vista psiquiátrico, los trastornos de ansiedad y los trastornos por uso de sustancias y desde el punto de vista orgánico, el síndrome metabólico, y las alteraciones tiroideas", ha destacado González-Pinto, quien ha participado en el XII Seminario Lundbeck 'Trastorno bipolar: ánimo sin control', celebrado en Ibiza.

El diagnóstico acertado y a tiempo continúa siendo uno de los principales caballos de batalla en el abordaje de esta patología, que aún tarda unos cinco años en ser correctamente diagnosticada y, por tanto, tratada; y, por otro lado, los médicos se encuentran con el obstáculo de que la mitad de los pacientes no cumple con el tratamiento de la forma prescrita.

Por tanto, todo parece indicar que el cumplimiento o adherencia al tratamiento no es sencillo de alcanzar. La práctica muestra que el primer motivo es que al paciente le "cuesta asumir la enfermedad", señala el doctor José Manuel Montes, Jefe de Sección de Psiquiatría del Hospital Universitario del Sureste de Madrid, lo que se acrecienta por el hecho de que "las enfermedades mentales están asociadas a un estigma que dificulta que una persona acepte que la padece".

"Una vez que se acepta la enfermedad y que el tratamiento puede ayudar a mantener al paciente estable hay que luchar contra los posibles efectos secundarios del tratamiento que llevan a suprimir o reducir dosis por propia iniciativa con el consiguiente riesgo. Afortunadamente cada día contamos con mejores fármacos que son mejor tolerados", añade.

Al igual que sucede en otras enfermedades crónicas como la diabetes o la hipertensión donde se acepta el tratamiento continuado en el tiempo para conseguir su correcto control y disfrutar, así, de mayor calidad de vida, en el trastorno bipolar se debe normalizar el hecho de tener que llevar a cabo un tratamiento de mantenimiento.

"Hasta un tercio de los pacientes puede mantenerse sin recaídas durante largos periodos de tiempo. En el otro extremo se encuentra un 5-10% de los pacientes que presenta recaídas frecuentes. Lo importante es saber que se pueden hacer muchas cosas para influir positivamente en la evolución de la enfermedad, como realizar bien el cumplimiento terapéutico, seguir las recomendaciones de su psiquiatra, evitar factores de riesgo, etc", afirma.

El tratamiento del trastorno bipolar se basa en la combinación de tratamiento farmacológico y psicoeducación, aunque, según este experto, "el pilar fundamental sobre el que se asienta el tratamiento del trastorno bipolar es farmacológico", que muchas veces garantiza la "estabilidad".

"El paciente se asegura poder mantener su nivel de funcionamiento (social, laboral, etc.) con normalidad, evitando además las recaídas y sus consecuencias como la hospitalización, riesgo de suicidio, cronificación de la enfermedad o aparición de déficit cognitivo", añade.

Las alteraciones cognitivas son, en gran parte, consecuencia de la propia enfermedad, y resultan más evidentes con el paso del tiempo, la evolución o progreso del trastorno. Estas dificultades -también existentes en otros trastornos psiquiátricos- están presentes en un 40-60% de quienes padecen trastorno bipolar y pueden incrementarse durante los episodios de manía o depresión y persistir durante los periodos de estabilidad anímica.

Nuevo manual diagnóstico

Durante el encuentro, se ha presentado la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Enfermedades Mentales, DSM-5, recientemente publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, en sus siglas inglesas) y que introduce novedades en el diagnóstico de los episodios mixtos del trastorno bipolar (TB), aquellos en los que se mezclan síntomas de manía y depresión.

Muchos pacientes en fase de manía experimentan síntomas depresivos

y cuando padecen depresión presentan algunos síntomas maníacos, de modo que el DSM-5 ha optado por redefinir las fases mixtas como episodio maníaco con síntomas depresivos o episodio depresivo con síntomas maníacos tendiendo así hacia una mayor personalización en el diagnóstico.

"El DSM-5 quiere ser más restrictivo a la hora de diagnosticar el trastorno bipolar y, por tanto, es más exigente con los criterios diagnósticos. Pienso que las posibilidades de errores diagnósticos serán menores pero puede haber más pacientes sin diagnosticar", asegura González-Pinto.

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