La
crisis económica, las medidas de austeridad aplicadas para atajarla y el paro
han hecho que las depresiones aumenten en España, hasta el punto que amenazan
con marcar a toda una generación de jóvenes que pueden presentar síntomas
depresivos por la falta de empleo.
La
advertencia la ha lanzado el profesor de la Universidad de Oxford David
Stuckler, coautor del libro "Por qué la austeridad mata. El coste humano
de las políticas de recorte", que se publica esta semana en España.
Los
estudios realizados por este investigador junto a Sanjay Basu han constatado un
aumento del 20% entre los años 2006 y 2010 en el número de pacientes que acuden
a los centros de atención primaria españoles con cuadros depresivos.
También
se han incrementado los casos de dependencia del alcohol y de ansiedad, unos
datos, todos ellos, que se multiplican por tres entre las personas que han
perdido su vivienda por desahucios.
El
desempleo es otro de los factores que están detrás de algunas de estas patologías.
Según las investigaciones de estos dos expertos, uno de cada tres varones que
pierden el empleo presenta síntomas depresivos.
La
respuesta médica a estos casos se ha traducido en un aumento de los
antidepresivos recetados en España, con el consecuente incremento del coste
económico.
Pero
el profesor Stuckler ha alertado también de lo que puede llegar, porque, según
dice, el paro puede hacer que una generación de jóvenes quede marcada por la
depresión, y eso puede ser un "impedimento para conseguir" el pleno
empleo, además de suponer costes económicos en tratamientos.
Impulso
económico vs austeridad
Los
estudios realizados por Stuckler y Basu han comprobado que los países que han
optado por afrontar la crisis con políticas de impulso económico mantienen
mejores índices de salud que los que han optado por los recortes.
Y
no sólo por el impacto de los ajustes directamente en los presupuestos
sanitarios, sino también por la incidencia que tiene sobre la salud el aumento
del paro o la reducción de la red de protección social.
Stuckler,
que ha participado en las XXXIII Jornadas de Economía de la Salud, que se
celebran desde hoy en Santander, ha contrapuesto los ejemplos de Islandia
-cuyos ciudadanos rechazaron en referéndum el rescate financiero- y Grecia.
El
primero ya ha vuelto a la senda de crecimiento económico, mientras el país
helénico sigue "hundiéndose".
En
Islandia, no ha habido un aumento significativo de suicidios ni depresiones. Y
en Grecia, en cambio, los suicidios han aumentado un 60%, las infecciones por
VIH un 200%, y también han repuntado la tuberculosis o el paludismo.
Según
el estudio de estos investigadores, otros países como España o Reino Unido
quedarían en un punto intermedio, y en ellos se aprecia una relación entre la
evolución del paro y el número de suicidios.
Ahora
que el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha pedido disculpas por las
consecuencias del rescate griego, Stuckler anima a otros países como España a
abandonar las medidas "irresponsables" de austeridad y los recortes
"profundos e indiscriminados", que no sólo son "malos
económicamente, sino potencialmente mortíferos".
A
su juicio, la alternativa debe ser una receta que pasa por tres principios: el
primero, "no hacer daño". Según dice, si esto fuera un ensayo de un fármaco,
ya se habría detenido, "porque tiene efectos secundarios mortíferos y no
genera ningún beneficio".
En
segundo lugar, apuesta por programas de empleo y por tratar el paro como una
"pandemia" -que conduce al suicidio y otros problemas-; y por último,
aboga por invertir en sanidad pública.
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