martes, 8 de julio de 2014

Obesidad: la culpa no es de los padres, sino de los hermanos



Más que los padres son los hermanos; según un estudio que se publica en «American Journal of Preventive Medicine» tener hermanos obesos es un factor más determinante de obesidad infantil que si los que tienen obesidad son los padres.

Estos datos parecen contradecir las teorías que aseguran que los niños con padres obesos tienen una mayor probabilidad de ser obesos. Sin embargo, el estudio que han llevado a cabo investigadores del Hospital General de Massachusetts, la Universidad de Cornell y la Universidad de Duke, todos en EE.UU., parece señalar hacia otra dirección. Los investigadores analizaron cómo los diferentes tipos de asociaciones familiares afectan la obesidad, y vieron con sorpresa que el hecho de tener un hermano obeso era más influyente que el tener un padre con obesidad.

Además, después de entrevistar a más de 10.244 adultos, los investigadores encontraron que la probabilidad de obesidad infantil variaba en función del número de niños que vivían en el hogar, así como de su sexo.

Hermano mayor

Según el estudio, en un hogar donde solo haya 1 niño, las probabilidades de que éste sea obeso son 2,2 veces mayores si uno de los padres también es obeso. Sin embargo, en familias con dos hijos, los datos mostraron una relación más fuerte de la obesidad entre hermanos que con la de los padres. Así, los niños mayores en estos hogares, en los que además había un padre obeso eran 2,3 veces más propensos a tener sobrepeso, pero esta cifra sube hasta 5,4 cuando hay hermanos con sobrepeso. Si el niño es el menor en una familia de dos niños, la obesidad de los padres no es relevante, pero cuando hay un hermano mayor, la obesidad está asociada con un incremento en el riesgo de 5,6 veces.

«Sabemos que el ambiente familiar ejerce una fuerte influencia sobre la salud infantil», asegura Mark C. Pachucki, del Hospital General de Massachusetts. Sin embargo, señala el experto, la mayoría de las investigaciones se han centrado en la conexión entre la obesidad paterna y su descendencia o entre hermanos. Pero en este trabajo , reconoce, «hemos ido más lejos al relacionar todos los factores familiares. Así, hemos visto que la obesidad de los hermanos parece ser más importante que la de los padres». Además, comenta Pachucki, dicha relación es «independiente de una serie de factores socioeconómicos y demográficos, conductas de salud y el estado general de salud familiar».

Los datos también revelaron una relación entre el género y el riesgo de obesidad. Así, en los hogares con un único hijo, las niñas eran menos propensas a ser obesas que sus homólogos masculinos. Y lo mismo ocurrió también en aquellas familias con dos hijos.

Los investigadores concluyen que los niños más pequeños pueden ser particularmente susceptibles a la influencia de un hermano mayor, sobre todo si ese hermano es del mismo sexo. «Hemos visto que el riesgo de obesidad en los niños más jóvenes de las familias con dos hijos es de 11,4 veces mayor si tienen un hermano mayor; pero, si el mayor es un niña, la probabilidad de ser obeso es sólo de 6,6 veces. Y, si hay dos niñas en la familia, el riesgo es de 8,6 veces, mientras que si el hermano mayor es un chico y el menor es un niña, entonces no influye en la probabilidad de tener sobrepeso».

El trabajo reconoce que el ejercicio y la dieta desempeñan un papel clave en la prevención de la obesidad. Pero curiosamente los datos mostraron que el hecho de tener un hermano mayor muy activo aumentaba el riesgo de obesidad para el hermano más joven.

Mientras que los autores hacen hincapié en que se necesita más investigación sobre la obesidad en el entorno familiar, este nuevo estudio ofrece datos clave que serán beneficiosos en la lucha contra la obesidad infantil. «Debido a que es un estudio transversal, es decir, una instantánea de un momento determinado, no podemos afirmar que sean estos hermanos los que están causando la obesidad. A pesar de ello, nuestros resultados son consistentes con investigaciones que muestran que los hermanos tienden a comer por igual y tienen niveles similares de actividad física», concluye Pachucki, para quien esta información puede ser importante a la hora de diseñar campañas de prevención de la obesidad.

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