jueves, 31 de julio de 2014

Un estudio pide una «amnistía» para los cigarrillos electrónicos



Estigmatizados desde su aparición, los cigarrillos electrónicos o e-cigarrillos no han cesado de aumentar en todo el mundo. Sus detractores son infinitos; en EE.UU., por ejemplo, las autoridades sanitarias (FDA) admiten que la seguridad y eficacia de los cigarrillos electrónicos no se ha analizado completamente y los consumidores no tienen forma de saber si los cigarrillos electrónicos son seguros para el uso previsto. En la Unión Europea, donde se calcula que hay 7 millones de usuarios de cigarrillos electrónicos, están regulados como productos medicinales en los casos en que se comercialicen como poseedores de propiedades curativas o preventivas, pero tienen que presentarse con advertencias sanitarias y estarán sujetos a las mismas restricciones publicitarias que los productos del tabaco.

En España se han impuesto límites a su consumo y publicidad aunque no se equipara al tabaco, como reclamaba el Comité Nacional de Prevención de Tabaquismo (CNPT), el organismo en el que están representados cardiólogos, neumólogos, oncólogos y todas las sociedades científicas vinculadas con los daños del tabaco. También se acota su uso en espacios públicos, pero se pueden usar en bares y restaurantes, aunque no en colegios, hospitales, centros de salud o cualquier establecimiento sanitario, ni siquiera en los espacios al aire libre de estas instalaciones si está dentro del mismo recinto.

Menos dañino

Pero ahora, un estudio que se publica en la revista «Adicction» parece desmontar esta campaña contra este producto. El trabajo, que es una revisión exhaustiva sobre la información disponible sobre el uso, el contenido y la seguridad de los cigarrillos electrónicos ha llegado a la conclusión de que, a pesar de los efectos de salud a largo plazo del uso del e-cigarrillo se desconocen, en comparación con los cigarrillos convencionales es más probable que sean mucho menos dañinos para sus usuarios o el resto de la población.

La revisión realizada por la Universidad Queen Mary de Londres (Reino Unido) concluye que a pesar de que existen importantes lagunas sobre los cigarrillos electrónicos que requieren más investigación, la evidencia actual no justifica una regulación más estricta que en ocasiones es incluso mayor que la que hay con el tabaco.

Los investigadores creen que las decisiones regulatorias ofrecen el mayor beneficio para la salud pública cuando son proporcionales, basadas en la evidencia, e incorporan una evaluación racional de los posibles riesgos y beneficios.

La revisión científica ha sido realizada por un equipo internacional de investigadores en el campo del tabaco, liderados por el profesor Peter Hajek. Hajek comenta que «la evidencia actual es clara: se debería permitir competir a los e-cigarrillos con los cigarrillos convencionales en el mercado. Los profesionales de la salud pueden asesorar a los fumadores que no están dispuestos a dejar de usar la nicotina a cambiar a los cigarrillos electrónicos, y aquellos fumadores que no han logrado dejar de fumar con los tratamientos actuales también se pueden beneficiar de los cigarrillos electrónicos».

Demasiadas dudas

Sin embargo muchos expertos advierten del riesgo de que se popularicen los cigarrillos electrónicos debido a que todavía hay muchas dudas de los posibles efectos adversos sobre la salud de vapear. Sobre todo, advierten, de lo poco recomendable que es la dependencia continua de la nicotina y el doble uso de cigarrillos electrónicos y tabaco.

Un reciente artículo publicado en «Annals of Allergy, Asthma & Immunology» examinó la idea de que uno de los supuestos «beneficios para la salud» propuestos por los fabricantes de e-cigarrillos era que ayudaría a dejar de fumar. Los investigadores de la Clínica Mayo (EE.UU.) aseguran que esta teoría todavía no ha sido probada. «A pesar del aparente optimismo que rodea el mundo de los e-cigarrillos y su papel terapéutico todavía hoy no hay suficiente evidencia para sugerir que los consumidores deben utilizar los cigarrillos electrónicos para este fin», sostiene el alergólogo Andrew Nickel, autor principal del trabajo.

Vapear y fumar a la vez

Otro motivo de preocupación es el hecho de que muchas personas consumen cigarrillos electrónicos en público pero siguen fumando tabaco en casa, con lo que se continúa exponiendo a los niños y los enfermos de asma al peligroso humo. «El uso dual de ambos cigarrillos -electrónicos y tabaco- conlleva el riesgo de la exposición al humo de segunda mano, y ello puede agravar los efectos respiratorios en los niños y los enfermos de asma. Asimismo, promueve la dependencia de la nicotina», afirma Chitra Dinakar.

Los investigadores afirman además que debido a que los cigarrillos electrónicos son un producto bastante reciente podría haber otras complicaciones de salud a largo plazo que aún no se han descubierto. Los resultados de la exposición a largo plazo a tales sustancias son desconocidos, sostienen los expertos que añaden que la mayoría de los consumidores desconocen el contenido de los cigarrillos electrónicos que consumen.

1 comentario:

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