lunes, 7 de julio de 2014

Incapaces de estar sin hacer nada



Haga usted mismo la prueba en su casa. Siéntese en un sitio tranquilo durante un rato simplemente para no hacer nada. Es probable que le cueste concentrarse, que esos 10 minutos se le hagan eternos o que su cabeza se empeñe en buscar la compañía del móvil para entretenerse. Un estudio publicado en la revista Science asegura que a los seres humanos nos cuesta estar sin hacer nada.

La conclusión procede de una serie de experimentos conductuales llevados a cabo por especialistas de las universidades de Harvard y Virginia (ambas en EEUU) con varios estudiantes voluntarios. Cuando Timothy Wilson y sus colegas del departamento de Psicología sentaron a cientos de jóvenes en una habitación aséptica durante 6-15 minutos simplemente pensando, casi la mitad respondió que no había encontrado la experiencia agradable y el 57% admitió que le había resultado difícil concentrarse.

De hecho, cuando les ofrecieron la posibilidad de pasar ese mismo tiempo con alguna actividad, que no implicase la comunicación con otras personas, como leer o ver el móvil, el nivel de disfrute de los voluntarios aumentaba significativamente.

"A los que nos gusta tomarnos cierto tiempo simplemente para pensar y no hacer nada, los resultados de este estudio nos parecen sorprendentes", admite Wilson en un comunicado, "pero los resultados muestran que la mayoría de la gente prefiere estar haciendo cualquier cosa (escuchar música, leer o interactuar con el móvil) a no hacer nada, incluso durante un tiempo breve".

El hecho de que los participantes no disfrutasen durante los minutos sin hacer nada se repitió en una segunda muestra de participantes de todas las edades (entre los 18 y los 77 años), por lo que descarta que el fenómeno sea únicamente una cosa de jóvenes, o ligada a la actual era tecnológica.

Tampoco tenía que ver con el entorno aséptico del laboratorio, porque cuando se pidió a los voluntarios que pasasen ese tiempo de reflexión en su propia casa, un tercio de ellos confesó haber hecho trampas porque habían acabado encendiendo el teléfono o escuchando música. "Ese rato sin hacer nada no les resultó más placentero en casa de lo que había sido en la habitación aséptica del estudio", admite Wilson.

Los resultados del experimento coinciden con los de algunas encuestas realizadas en EEUU en las que se observa que hasta un 83% de la población no pasaba ningún tiempo de relax o reflexión sin hacer nada.

Esa preferencia por la acción se observó incluso cuando la alternativa a estar sin hacer nada era una actividad desagradable, como recibir pequeñas descargas eléctricas. "Cuando les dimos a los voluntarios la opción de entretenerse simplemente con sus pensamientos o presionar un botón para recibir pequeñas descargas [que ellos mismos habían valorado previamente como desagradables]", el 67% de los varones y el 25% de las mujeres eligió la descarga.

A juicio de los autores, es probable que las reflexiones surjan mejor de manera espontánea que cuando el sujeto es forzado a 'sentarse y pensar'; también sugieren que el ser humano está programado para interactuar con su entorno, "incluso cuando estamos solos". A juicio de Wilson y su equipo, "sin técnicas de meditación o control del pensamiento, que aún así son difíciles, la mayoría de la gente prefiere realizar algún tipo de actividad", concluyen. "A la mente no instruida no le gusta estar sola".

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