jueves, 2 de octubre de 2014

¿Qué enciende la mecha de la enfermedad celiaca?



¿Cómo puedo evitar que mi hijo desarrolle enfermedad celiaca? Muchos padres afectados por el trastorno plantean esta pregunta en la consulta del médico esperando recibir un consejo infalible como respuesta. Aunque no hay un 'truco' incontestable contra el problema, en los últimos tiempos muchos especialistas recomendaban introducir pequeñas cantidades de gluten en la dieta del bebé entre los cuatro y los siete meses, preferiblemente mientras el pequeño estuviera tomando lactancia materna, ya que varios estudios habían señalado que ambas medidas parecían prevenir el desarrollo de esta intolerancia permanente. Sin embargo, dos estudios publicados esta semana en la prestigiosa The New England Journal of Medicine, acaban de contradecir con datos el consejo.

Según los resultados de estos trabajos independientes en los que han participado investigadores del Hospital Universitario La Paz de Madrid, el Sant Joan de Reus y la Fe de Valencia, ni el mantenimiento y la duración de la lactancia ni el momento de introducción del gluten influyen en el desarrollo de la patología en niños de alto riesgo.

La enfermedad celiaca tiene un componente genético. Prácticamente la totalidad de los afectados tienen unas variantes particulares en su ADN -las mutaciones HLA-DQ2 y HLA-DQ8 son las más frecuentes- que les hacen más proclives a desarrollar una intolerancia permanente a la proteína de cereales como el trigo, la cebada o el centeno. Sin embargo, esta 'marca genética' está presente en más de un cuarto de los occidentales -y la enfermedad celiaca a alrededor del 1% de esta población-, por lo que los investigadores saben que tiene que haber factores ambientales implicados en su desarrollo.

Un estudio realizado en Suecia, que vivió una reciente epidemia de enfermedad celiaca, y otro realizado en Estados Unidos, también con un importante repunte de casos, sugirió que una introducción precoz de pequeñas cantidades de gluten, sobre todo mientras estuviese presente la lactancia materna, podría ser clave para frenar la enfermedad, si bien sus resultados no eran concluyentes al 100%.

Por eso, un equipo internacional liderado por la también española María Luisa Mearin, de la University Medical Center de Leiden (Holanda), quiso comprobar la hipótesis y desde 2007, reclutó a una muestra de 963 niños de ocho países europeos -entre ellos España- con un perfil genético de riesgo y al menos un progenitor celiaco.

Aproximadamente la mitad recibió 100 mg de gluten entre los cuatro y los seis meses de edad, mientras continuaban lactando. El resto, en cambio, ingirió un placebo. El caso de cada uno de los pequeños se siguió de cerca hasta que cumplieron tres años, un momento en que los investigadores comprobaron que "ni la lactancia materna ni la introducción precoz de pequeñas cantidades de gluten habían resultado protectores frente a la enfermedad", tal y como explica Carmen Ribes-Koninckx, responsable del servicio de Gastroenterología Pediátrica del hospital La Fe de Valencia y coordinadora de la investigación en España.

Dos investigaciones similares

Prácticamente en paralelo a esta investigación, que ha recibido financiación de la Unión Europea, otro grupo de investigadores italianos estudió precisamente lo contrario: si la introducción tardía del gluten, también bajo la influencia de la lactancia materna, podía tener algún efecto protector frente a la enfermedad celiaca. Los 832 niños italianos estudiados (con un familiar directo celiaco) o bien comenzaron a tomar gluten a los seis meses o lo hicieron a los 12, pero tampoco en este caso los investigadores encontraron que la intervención "fuera capaz de modificar el riesgo de la enfermedad entre los niños de riesgo".

"Los resultados nos sorprendieron mucho porque estos eran los factores en los que más esperanzas estaban puestas", señala Ribes-Koninckx, quien, con todo, subraya que con estos datos en la mano "no es el momento de cambiar las recomendaciones", sino "de seguir estudiando con el objetivo de llegar a conocer mejor los mecanismos implicados en el desarrollo de esta enfermedad". De momento, su equipo ya ha recibido autorización para seguir estudiando a estos niños al menos hasta los 12 años de edad.

Coincide con su punto de vista Isabel Polanco, jefa del Servicio de Gastroenterología y Nutrición del Hospital Universitario Infantil La Paz de Madrid y también firmante de la citada investigación, quien apunta que "la evidencia científica no permite establecer en este momento cuál es el momento oportuno para introducir el gluten".

Sin embargo, para Jonas F. Ludvigsson, del Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia), autor de un editorial que acompaña a estos trabajos en la revista médica, "estos datos cambiarán el panorama conceptual de la enfermedad" ya que "a partir de ahora, será difícil seguir recomendando la introducción del gluten entre los cuatro y los sesis meses".

De la misma opinión es Eduardo Arranz, presidente de la Sociedad Española de Enfermedad Celiaca, quien hace hincapié en que "la medicina tiene que estar basada en la evidencia y estos datos muestran que las recomendaciones deberían modificarse".

En este sentido, Arranz reclama que se estudie más a fondo un aspecto destacado por la investigación italiana que, pese a que no encontró ninguna asociación entre el retraso en la introducción del gluten y una disminución del riesgo de enfermedad celiaca, sí vio que una ingesta más tardía de la proteína se asociaba con un cierto retraso en los inicios de la enfermedad. "Es importante profundizar en este aspecto porque quizás retrasar el inicio puede ser útil para conseguir que el niño esté más maduro y que la patología no vaya a alterar su desarrollo".

En cualquier caso, Polanco recuerda que los resultados de estos trabajos en ningún caso deben interpretarse como un varapalo a la lactancia, que "es de enorme importancia para el desarrollo físico y mental del niño", ni como una propuesta de retraso aún mayor de la introducción del gluten, ya que está demostrado que es beneficioso que "a a partir del año, los niños hayan probado todo tipo de alimentación y tengan una alimentación similar a la de un adulto".

La investigación avanza

En los siguientes pasos de la investigación, estos científicos tratarán de averiguar qué otros factores pueden estar implicados en el desarrollo de la enfermedad celiaca.

Según explica Polanco, uno de los campos que más información puede arrojar es "el estudio de la microbiota" -la población de bacterias que 'viven' en el intestino y que es diferente en el caso de los pacientes celiacos-. También, según añade Ribes-Koninckx, pueden jugar un papel importante las infecciones víricas, o incluso el uso de antibióticos.

Arranz apunta que en los últimos tiempos se ha señalado la posibilidad de que el trastorno tenga un cierto carácter estacional (influenciado por la exposición a más infecciones que se producen en determinados meses del años) y que tenga alguna relación con el uso por parte de la industria alimentaria de un tipo de gluten procesado que se añade a algunos productos por sus propiedades de unión y "cuya influencia debería estudiarse más a fondo".

Para este experto, los dos artículos publicados esta semana son "muy interesantes" y, aunque descartan el papel de dos factores que se consideraban preponderantes, sí ratifican otras dos importantes herramientas de diagnóstico: el análisis de los anticuerpos antitransglutaminasa tipo 2 y la determinación del genotipo HLA en pacientes de riesgo. Sobre todo esta última arma genética, subraya, es muy útil por su papel predictivo negativo para descartar a los individuos que, por no llevar el riesgo en su ADN, no desarrollarán la enfermedad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario