martes, 14 de octubre de 2014

Los hijos de madres mayores tienen más mutaciones en su ADN mitocondrial



El descubrimiento de un «efecto de la edad materna» por un equipo de científicos de la Universidad Penn State (EE.UU.) podría ser útil para predecir la acumulación de mutaciones en el ADN mitocondrial en los óvulos maternos -y la transmisión de dichas mutaciones a los niños – y así proporcionar información valiosa para el consejo genético. Estas mutaciones causan más de 200 enfermedades y contribuyen a otras, como la diabetes, el cáncer, la enfermedad de Parkinson y la enfermedad de Alzheimer.

En concreto el estudio que se publica en «PNAS» ha identificado mayores tasas de las variantes de ADN mitocondrial en los niños nacidos de madres de mayor edad, así como en las propias madres.

Las mitocondrias son estructuras dentro de las células que producen energía y que contienen su propio ADN. «Muchas enfermedades mitocondriales afectan a más de un sistema del cuerpo humano», comenta Kateryna Makova, profesora de biología y una de las investigadoras principales del estudio. «Afectan a los órganos que requieren una gran cantidad de energía, como el corazón, el sistema músculo esquelético y el cerebro. Son enfermedades devastadoras y no existe una cura, por lo que nuestros resultados acerca de su transmisión podría ser muy importantes».

En esta ocasión los investigadores de EE.UU. ha tratado de determinar si la edad materna es importante en la acumulación de mutaciones en el ADN mitocondrial (ADNmt), tanto en la madre como en el niño como resultado de la transmisión. Los investigadores han analizado las muestras de sangre y de las células dentro de la mejilla de 39 pares de madres e hijos sanos -debido a que el ADNmt se hereda únicamente por vía materna, el ADNmt paterno no fue analizado-. Así, gracias a la secuenciación del ADN encontraron más mutaciones en la sangre y células de la mejilla en las mujeres de mayor edad en el estudio. La edad materna oscilaba entre los 25 y los 59 años.

«Este hallazgo no es sorprendente -explica Makova-, porque a medida que envejecemos, las células se siguen dividiendo y, por lo tanto, vamos a tener más genes mutantes». Pero sí lo es, añade, que los hijos de esta madres también presentaran mayores tasas de mutaciones. Los investigadores creen que el proceso de mutación ocurre tanto en las células de los órganos de las madres y como en sus líneas germinales.

'Cuello de botella'

Pero el estudio ha hecho otro hallazgo sorprendente sobre el desarrollo de las células del ovocito. Aunque se sabía que el desarrollo de los óvulos pasan por una fase de «cuello de botella» que provoca una disminución en el número de moléculas de ADN mitocondrial, los científicos no sabían cuál era el tamaño de dicho cuello de botella. «Si es grande, la composición genética de las mitocondrias de la madre pasará a sus hijos -explicó Makova-. Sin embargo, si es pequeña –es decir, si hay una disminución importante de moléculas mitocondriales durante el desarrollo de las células del huevo- la composición genética del niño podría diferir radicalmente de la de la madre. «Lo que hemos visto nosotros es que este cuello de botella es, de hecho, muy pequeño».

Este hallazgo es especialmente importante para las madres que tienen una enfermedad mitocondrial. En muchas de las enfermedades mitocondriales, para que la enfermedad se manifieste hace falta que entre el 70 al 80% de las moléculas de ADN mitocondrial estén alteradas. Pero para otras, basta con lo esté únicamente el 10%. «Si el cuello de botella es muy pequeño, lo que hemos visto en nuestro estudio, es probable que estos porcentajes puedan cambiar drásticamente -dijo Makova-. Al conocer el del cuello de botella podemos predecir, dentro de un rango, el porcentaje de moléculas portadoras de enfermedades que se transmitirían al niño».

Los investigadores añaden que la información, tanto la edad materna como del tamaño de cuello de botella, es extremadamente útil en la planificación familiar. «Ahora disponemos de capacidad predictiva y podemos ayudar a los consejeros genéticos en el asesoramiento a las parejas acerca de las posibilidades de que sus enfermedades mitocondriales se pasen a la siguiente generación», asegura Makova.

Hay mucho gente preocupada por el síndrome de Down, ya que es un problema genético común, apunta, pero «ahora hemos añadido otra serie de trastornos genéticos que también podrían verse afectados por la edad de la madre. Es bueno que las parejas tengan este conocimiento a la hora de hacer una planificación familiar».

Se calcula que el riesgo de desarrollar una enfermedad mitocondrial durante la vida de 1 por 5.000 nacidos vivos. Afecta principalmente a los niños y, debido a que no hay tratamientos, cada avance es una esperanza para los afectados y sus familiares.

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