viernes, 15 de julio de 2011

Los efectos del sol en la piel de niños y adolescentes


La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) y la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) advierten del peligro potencial que conlleva una exposición al sol prolongada. Causa quemaduras, fotosensibilidad y dermatitis a corto plazo, así como envejecimiento cutáneo, cataratas, alteraciones inmunológicas y cáncer, a largo plazo. Los especialistas destacan que, desde 1991 hasta 2000, España registró un incremento del índice de mortalidad por melanoma que colocó al país por delante del resto de Europa.
En estos días de calor, conviene recordar que la cantidad de radiación UVA y UVB que alcanza la superficie de la Tierra depende de la latitud, la altitud (mayor irradiación con la proximidad al Ecuador y a alturas elevadas), la hora del día (mayor intensidad entre las diez de la mañana y las cuatro de la tarde), la nubosidad y el estado de la capa de ozono.

Un problema muy cercano

En la actualidad, los tipos de cáncer más frecuentes entre la población española son los que afectan a la piel. La AEPap y la SEPEAP insisten en la relación causal entre las radiaciones solares y el riesgo de padecer cánceres cutáneos. "Su aparición se relaciona con la exposición a los rayos solares durante largos períodos de tiempo y exposiciones intermitentes e intensas, que causan quemaduras", explica Susana Méndez, pediatra de la AEPap.
Los tumores de la piel se dividen en dos tipos: melanomas y tumores no melanomatosos, constituidos por carcinomas espinocelulares y basocelulares. El melanoma es el más peligroso. Si no se trata de manera adecuada, su pronóstico es grave. En España es uno de los cánceres emergentes entre la población de piel blanca. Se ha constatado un incremento más intenso del índice de mortalidad que en el resto de países europeos. El aumento en el número de muertes en la pasada década se acercó al 3% en el caso de los hombres y al 1,8%, en el de las mujeres.
España ocupa el decimosexto lugar en orden de frecuencia tumoral para hombres y el décimo para mujeres. En este tipo de cáncer, lo más importante es la prevención. Sobre todo, hay que evitar que los rayos solares dañen la piel de los más jóvenes, puesto que la mayor parte de la exposición solar de una vida se concentra en los primeros 18 años.

Factores de riesgo

Los factores de riesgo asociados al cáncer de piel son el fototipo, el color de pelo y ojos, la presencia de lunares, los antecedentes familiares y el tiempo de exposición solar. Hay seis fototipos distintos para definir la tendencia de la piel, determinada de forma genética, a la quemadura y al bronceado tras una exposición a la radiación ultravioleta. Estos abarcan desde el fototipo I, que no se broncea nunca y se quema siempre, al IV, que se broncea siempre y jamás se quema.
Los fototipos V y VI se corresponden con las pieles más oscuras, casi insensible a los efectos peligrosos del sol. Los fototipos I y II, en consecuencia, registran un mayor riesgo de melanoma. Tener el pelo rubio, y más el pelirrojo, se considera factor de riesgo, igual que sucede con el color de ojos claro y la tendencia a desarrollar pecas. Contar con numerosos lunares (nevus), ya sea por predisposición genética o secundaria a la exposición intermitente durante la infancia, es otro riesgo destacado.

Prevención

La Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria y la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria recomiendan las siguientes medidas preventivas:
  • Evitar una exposición solar excesiva y dar ejemplo a los niños con hábitos adecuados.
  • Proteger la cabeza, el cuerpo y los ojos: vestir ropa fina que cubra la piel, gorras o sombreros de ala ancha y gafas de sol con filtro UV-A y UV-B.
  • Procurar estar a la sombra desde las doce del mediodía hasta las cinco de la tarde.
  • Aplicarse siempre crema con factor de protección mínimo de 15, extenderla 30 minutos antes de estar al sol y volver a aplicarla cada 2 o 3 horas, después de sudar mucho o tras bañarse.
  • Los menores de seis meses no deben exponerse a la luz solar directa.

LAS CREMAS Y EL FACTOR DE PROTECCIÓN

El factor de protección solar (FPS) mide la eficacia de los fotoprotectores. Se calcula a partir de la dosis de radiación ultravioleta que causa un enrojecimiento mínimo en una piel protegida (tras la aplicación de 2mg/cm2 de fotoprotector) y la dosis que causa el mismo efecto en una piel sin proteger. Recientemente, la Agencia Americana del Medicamento (FDA) de EE.UU. ha modificado las normas para el etiquetado de las cremas solares y ya no podrán anunciar, si el factor de protección no supera el índice 15, que evitan las quemaduras ni el cáncer de piel ni tampoco que son resistentes al agua. También creen necesario incluir una norma que impida a los protectores tener un factor superior al 50, ya que, aseguran desde la FDA, no aportan un beneficio significativo.
Los protectores solares de "amplio espectro" deberán desde ahora proteger contra los rayos ultravioleta A y B (UVA y UVB) y tener un factor de protección (SPF) superior a 15. En estos casos, podrán incluir en la etiqueta un enunciado que aclare que si se utiliza según las indicaciones puede reducir el riesgo de envejecimiento cutáneo prematuro y cáncer de piel cuando se usa con otras medidas de prevención. Con la etiqueta de "amplio espectro" se garantiza una protección adecuada contra ambos tipos de radiación, mientras que el factor de protección orienta sobre el tiempo que dura la protección. La agencia estadounidense considera que es publicidad engañosa advertir que son resistentes al agua o al sudor, por lo que, a partir de ahora, es imprescindible enunciar cuántos minutos permanece el producto en la piel en estas condiciones.

LA NATURALEZA DE LOS RAYOS

La radiación ultravioleta solar tiene una longitud de onda aproximada de 200-400 nm. Las longitudes intermedias (290-320 nm), conocidas por las siglas UVB, son las causantes de las quemaduras y favorecen el desarrollo de tumores a largo plazo. Las longitudes de onda cortas (320-400 nm), UVA, no causan quemaduras, pero sí reacciones de fotosensibilidad y fotodermatosis (enfermedades causadas o agravadas por energía lumínica) y son responsables del envejecimiento prematuro de la piel y, en menor medida, también del desarrollo de melanoma.

Ref:
http://www.consumer.es/web/es/salud/prevencion/2009/08/09/186853.php

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