viernes, 7 de septiembre de 2012

Ejercicio físico, alcohol y antiinflamatorios ayudan a activar alergias alimentarias



El ejercicio físico, la ingesta de alcohol y los antiinflamatorios no esteroidales (Aine) pueden actuar como inductores de reacciones alérgicas alimentarias, según se desprende de un estudio realizado por el Vall d'Hebron Instituto de Investigación (Vhir) de Barcelona.

El trabajo, que publica la revista 'Allergy', ha recogido pruebas de 74 pacientes que presentaban alergias alimentarias desencadenadas por estos factores entre las dos horas anteriores y las cuatro posteriores a la ingesta del alimento que produce la alergia.

De hecho, los investigadores han descubierto que el 82,4% de los pacientes no presentaban ninguna reacción alérgica, o si se producía era de carácter leve, si la ingesta se producía de manera aislada, mientras que con la intervención de alguno de los tres factores descritos las reacciones anafilácticas pasaban de afectar al 17,6% de los pacientes estudiados hasta el 85,1%.

Adicionalmente, el 58% de los casos estaban relacionados con la ingesta de antiinflamatorios, el 52,7% con el ejercicio y el 12,2% con la infesta de alcohol, mientras que el tiempo de aparición de los síntomas depende del tipo de factor que influye, variando desde 75 minutos de media con los medicamentos hasta los 10 minutos con el ejercicio.

"El trabajo pone de relieve la importancia de evaluar la acción de estos cofactores cuando se trate a pacientes con posibles reacciones alérgicas alimentarias", ha señalado en un comunicado la responsable de la Sección de Alergología del Servicio de Medicina Interna del Hospital Vall d'Hebron, Victoria Cardona.

Los especialistas han subrayado que las reacciones alérgicas han sido tradicionalmente atribuidas al cofactor cuando la verdadera causa, el alimento, pasaba desapercibida, por lo que apunta a nuevas líneas de investigación futuras para detectar el papel como desencadenantes que pueden jugar determinadas enfermedades, el estrés, el cansancio y la menstruación.

Reducir la tensión arterial con vino tinto sin alcohol



A finales de los años 90, la llamada paradoja francesa abrió la caja de Pandora. Dos investigadores descubrieron que los franceses tenían una menor mortalidad cardiovascular, a pesar de su dieta alta en grasas, según parecía, a su consumo de vino. Desde entonces, mucho se ha estudiado del vino tinto y sus efectos en la salud cardiovascular. Ahora un estudio publicado en la revista científica 'Circulation' de la Asociación Americana del Corazón ha dado un paso al frente. Esta vez, con el vino tinto sin alcohol.

El nuevo estudio revela que beber vino tinto sin alcohol reduce la tensión arterial en hombres con problemas cardiovasculares. Eso sí, "de momento, sólo en hombres", recalca a ELMUNDO.es Ramón Estruch, médico del servicio de Medicina Interna del Hospital Clínic de Barcelona y uno de los investigadores de dicho estudio. "Más adelante estudiaremos si tiene el mismo efecto o no para las mujeres", afirma.

La clave: los polifenoles

La muestra constó de 67 hombres que tenían diabetes o más de tres factores de riesgo cardiovascular. A todos se les administró la misma dieta durante cuatro semanas. Lo único que cambió fue la ingesta de bebida: vino tinto sin alcohol para unos, con alcohol para otros y ginebra para el resto.

Los resultados mostraron que los participantes que bebieron vino tinto sin alcohol fueron los que más redujeron la tensión. Exactamente, 6mmHg en la tensión sistólica (la más alta) y 2 mmHg en la tensión diastólica (la más baja).

En el grupo de vino tinto con alcohol, redujeron muy poco su presión arterial, y el grupo que tomó ginebra no experimentó ningún cambio. El motivo: los polifenoles. El vino se compone, explica Estruch, principalmente de alcohol y polifenoles, y tanto el vino tinto con alcohol como el 'sin' tienen la misma cantidad de polifenoles, pero "el alcohol contrarresta el efecto para que disminuya la presión arterial", aclara Estruch.

Otros efectos del vino

El principal interés de este estudio, explica la dietista y nutricionista Gemma Chiva Blanch, también del departamento de Medicina Interna del Hospital Clínic de Barcelona y otra de las investigadoras del estudio, fue determinar qué sustancia o sustancias eran las que producía efectos positivos en la salud cardiovascular de los hombres con factores de riesgo cardiovascular. "Investigaciones anteriores demostraron que el consumo moderado de vino tinto (dos copas para los hombres y una para las mujeres) tiene efectos positivos para el colesterol y la aterosclerosis", afirma la experta, sin embargo "para reducir la presión arterial es el vino tinto el que produce estos efectos".

Por tanto, con estos resultados en la mano, Chiva Blanch concluye, siempre con población sensible a la hipertensión, que es el vino tinto moderado el que produce efectos positivos en el colesterol y en la aterosclerosis, y el sin alcohol en la reducción de presión arterial, y también en la aterosclerosis. Otros de los efectos del 'sin', añade por su parte Estruch, son: la mejora en el perfil de lípidos, en el metabolismo del azúcar y su efecto antioxidante. No obstante, matiza que "siempre aconsejamos el vino dentro de un patrón de dieta mediterránea y ejercicio".

"El estudio está muy bien diseñado, pero el inconveniente es la muestra tan pequeña que tiene", asegura por su parte Vicente Bertomeu, presidente de la Sociedad Española de Cardiología. Explica que el principal resultado de este estudio es que el vino sin alcohol disminuye la tensión arterial de pacientes con riesgo cardiovascular, pero lo mejor sería bajar dicha tensión con ejercicio físico, dieta saludable y sobre todo con "hábitos higiénicos-dietéticos". Pero "estos resultados hay que tenerlos en cuenta, pues es un estudio prometedor", sentencia el doctor.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Adelgazar con frío



El frío podría ser un buen aliado en la lucha contra la obesidad. Esta es una novedosa línea de investigación que pone la clave en la estimulación de la grasa parda, un consumidor natural de calorías. Otros estudios apuntan a que el ejercicio físico funciona también como activador de este tejido graso. La obesidad es la nueva epidemia de las sociedades opulentas que consumen esfuerzos y dinero para ponerla a raya: dietas que se encuentran en el límite de lo saludable, costosos tratamientos estéticos... Como se detalla a continuación, en este momento de austeridad, son bienvenidas las ideas contra la obesidad que, además de económicas, aporten una dosis de sentido común.

Adelgazar con ejercicio y un poco de frío

¿Por qué algunas personas no engordan a pesar de que comen todo lo que les apetece, mientras que otras que vigilan su dieta están obesas? Quizás la respuesta se encuentre en la actividad de la grasa parda, un tipo de tejido que tiene una sorprendente característica: en lugar de acumular reservas de energía, consume calorías quemando grasas y azúcares para producir calor. De esta manera, activa el metabolismo, con la consiguiente pérdida de peso.

Las causas de la obesidad pueden ser debidas a varios factores a pesar de que, en última instancia, el aumento de peso se produce por un desequilibrio entre la entrada de calorías y su eliminación. A menudo, el problema es consecuencia de un exceso de aporte con la dieta, pero hay personas que tienen sobrepeso aunque controlan su dieta y hacen ejercicio. En estos casos, el problema podría estar en esa otra vía, la del gasto energético. Nuevas investigaciones apuntan el papel que podría tener la grasa parda en este tipo de cuestiones. Los científicos buscan la manera de activar esta grasa y parece ser que el frío podría ser una forma sencilla e inocua de estimular este eliminador de calorías. Por otra parte, parece que este "termorregulador natural" que produce calor, se pondrá en marcha si la temperatura ambiente desciende.

Un estudio publicado en 2009 en la revista 'New England Journal of Medicine' adelantó ya unos primeros resultados positivos. Estudiaron a 24 hombres sanos -la mitad de ellos con sobrepeso- en condiciones normales de temperatura ambiente (22ºC) y a temperaturas inferiores (16ºC). Midieron la actividad de la grasa parda y la composición corporal y la energía desprendida, y comprobaron cómo la actividad de este tejido se activaba con el frío de forma más evidente en los individuos sin sobrepeso.

Un trabajo más reciente que ha corroborado de qué manera este tipo de grasa se aviva con el frío es el efectuado en el Joslin Diabetes Center, en Boston (EE.UU.). Esta investigación, además, aporta una novedad: la efedrina, otra vía que se creía esperanzadora en la activación de la grasa parda, no causa los mismos efectos.

El ejercicio físico es otro de los estimulantes de la grasa parda. En una investigación publicada en 'Nature', un equipo de la Universidad de Harvard (EE.UU.) ha identificado una nueva hormona que genera el músculo cuando se ejercita y que se dirige a esta grasa con la misión de despertar su funcionamiento. De esta forma parece que el ejercicio, además de consumir calorías por el movimiento, al activar este tejido aporta un consumo energético extra. Ejercicio y un poco de frío serán, lo más probable, una línea de investigación importante en el futuro que puede proporcionar nuevos enfoques en la lucha contra la obesidad.

Perder peso: activar la grasa parda

En el organismo hay dos tipos de grasa: la blanca y la marrón o parda. La grasa blanca, la más conocida, se encarga de acumular energía en forma de tejido graso, mientras que la parda o marrón tiene un papel opuesto, ya que quema grasas y azúcares para generar calor. Esta producción de calor es clave para mantener la temperatura corporal en los mamíferos y otros animales de sangre caliente. Por el contrario, los animales de sangre fría intentan mantener la temperatura corporal a través de medios externos, como exponerse al sol o acurrucarse en lugares cálidos.

La grasa parda es rica en unos corpúsculos celulares conocidos como mitocondrias. Las mitocondrias de este tipo de grasa tienen una particularidad: una proteína que es la responsable de que, en lugar de acumular energía, la disipe en forma de calor.

La grasa parda era poco conocida hasta hace escasas fechas y se creía que solo estaba presente en los bebés para mantener su temperatura corporal. Se pensaba que con la edad desaparecía y que en los adultos era sólo un vestigio. En estos últimos años se ha demostrado que no es así, y que sigue activa a lo largo de la vida. Este descubrimiento se ha efectuado gracias a una nueva técnica de imagen, la tomografía por emisión de positrones (PET). Muy útil en oncología, la tecnología PET utiliza glucosa marcada con isótopos que ayudan a localizar aquellas zonas del organismo que tienen un elevado consumo metabólico, como es el caso de los tumores. De esta forma, se ha podido observar que hay zonas de la parte superior del tórax, cuello y alrededor de la columna, con una gran actividad metabólica, que se atenúa si el individuo está en un lugar cálido.

Por otra parte, las imágenes registradas de la grasa parda en un individuo delgado y en uno obeso muestran la distinta actividad que hay entre ambos. El movimiento de esta grasa ha sido muy estudiada en ratas y los trabajos efectuados en la Universidad de Cambridge fueron algunos de los primeros. Observaron que cuando sometían a un grupo de ratones a una dieta hipercalórica, no todos aumentaban igual de peso; era como si en algunos, este aporte extra, en lugar de acumularse, se disipara.

La eliminación de una enzima reduce el 90% de los compuestos involucrados en el desarrollo del Alzheimer



Un equipo de científicos ha descubierto que la eliminación de una enzima,  en ratones con síntomas de la enfermedad de Alzheimer, conduce a la reducción de un 90 por ciento de los compuestos responsables de la formación de las placas relacionadas con la enfermedad. Esta es la reducción más espectacular de estos compuestos reportada hasta la fecha. El hallazgo ha sido publicado en 'Neuron'.

Los compuestos eliminados son unos péptidos llamados beta-amiloides, como proteínas, pero más cortos en longitud. Cuando estos péptidos beta-amiloides se acumulan en cantidades excesivas en el cerebro, pueden formar placas características de la enfermedad de Alzheimer.

"Hemos trabajado en ratones con el modelo de la forma más agresiva de la enfermedad de Alzheimer, que produce la mayor cantidad de beta-amiloides. La reducción del 90 por ciento observada es la mayor hasta la fecha", señala Sung Ok Yoon, profesor de Bioquímica Molecular y Celular de la Universidad Estatal de Ohio y autor principal del estudio.

La clave para reducir estos péptidos fue la eliminación de una enzima llamada jnk3; esta enzima estimula una proteína que produce péptidos beta-amiloides, lo que sugiere que cuando la actividad de jnk3 es alta, aumenta la producción de péptidos beta-amiloides, aumentando las posibilidades de su acumulación y la formación en placas.

Los investigadores también observaron que la actividad de jnk3 en el tejido cerebral de pacientes con enfermedad de Alzheimer se incrementa de un 30 a un 40 por ciento, en comparación con el tejido normal del cerebro humano. La actividad de jnk3 normalmente permanece baja en el cerebro, pero aumenta cuando surgen anomalías fisiológicas.

Los resultados sugieren que jnk3 podría ser una nueva diana para tratar la enfermedad de Alzheimer. Por el momento, algunos medicamentos pueden retardar la progresión de la enfermedad, pero no hay cura. La enfermedad de Alzheimer afecta a más de 5 millones de estadounidenses y su causa se desconoce. Aunque los científicos no han determinado todavía si los péptidos beta-amiloides presentes en las placas causan Alzheimer, o son una consecuencia de la enfermedad, la presencia de las placas está ligada a una disminución cognitiva progresiva.

En este estudio, Yoon y sus colaboradores eliminaron jnk3, genéticamente, en ratones con un modelo de la enfermedad que contiene mutaciones encontradas en pacientes con enfermedad de Alzheimer de aparición temprana. En seis meses, la supresión de la enzima había rebajado la producción de péptidos en un 90 por ciento, además, el efecto persistió en el tiempo, mostrando una reducción del 70 por ciento a los 12 meses.

Los investigadores observaron que la eliminación de jnk3 redujo drásticamente el nivel de péptidos beta-amiloides en los ratones y también descubrieron que su supresión mejoró significativamente la función cognitiva. Además, el número de células cerebrales, o neuronas, en ratones con enfermedad de Alzheimer se incrementó con la eliminación de jnk3.

Los científicos examinaron si los patrones de expresión de ARN en el cerebro de los ratones con Alzheimer cambiaron cuando jnk3 se hubo eliminado -este patrón indica a los científicos si las células se comportan de la forma esperada. Los resultados fueron sorprendentes: la expresión de los genes necesarios para la producción de la nueva proteína, o de su síntesis, se redujo significativamente en los cerebros del modelo de la enfermedad de Alzheimer, en comparación con los cerebros de ratones normales.

Los experimentos de cultivos de neuronas mostraron que los péptidos beta-amiloides detienen la producción de la proteína mediante la activación de otra enzima, llamada quinasa AMP (AMPK). AMPK se activa normalmente cuando las células están hambrientas de nutrientes, como justo antes de una comida. Por esa razón, la AMPK es un objetivo popular en enfermedades asociadas con el uso del cuerpo de la glucosa y las grasas, como la diabetes tipo 2.

Una vez activada, la AMPK eventualmente silencia una potente secuencia de reacciones químicas llamada vía de mTOR, que controla la síntesis de nuevas proteínas en una variedad de tipos de células. Este fenómeno puso en marcha una respuesta al estrés en el retículo endoplasmático -la maquinaria que realiza la síntesis de las proteínas en cada célula.

Los investigadores trataron el tejido cerebral  de ratones vivos con un fármaco que bloquea la vía mTOR, u otro medicamento que induce estrés en el retículo endoplasmático. Ambos tratamientos aumentaron dramáticamente la producción de péptidos beta-amiloides, pero sólo cuando jnk3 estaba presente.

Según Yoon, la demostración de que los péptidos beta-amiloides bloquean la producción de nuevas proteínas revela nuevas formas de pensar sobre el tratamiento de la enfermedad de Alzheimer.

Yoon añade que "el hecho de que se descubriera que la síntesis de proteínas está enormemente afectada en la enfermedad de Alzheimer abre una puerta para probar una variedad de fármacos que ya están desarrollados para otras enfermedades crónicas progresivas, que comparten este carácter común de producción de la proteína afectada.

Yoon espera poner a prueba si los inhibidores de moléculas pequeñas de jnk3 pueden mejorar la función cognitiva en modelos de Alzheimer de ratón.

Tres estudios confirman el vínculo entre la apnea del sueño y el cáncer



Tres investigaciones españolas presentadas hoy durante el congreso de la Sociedad Europea de Enfermedades Respiratorias se suman a las evidencias anunciadas a principios de este año que relacionaban la apnea del sueño con el cáncer. Los nuevos estudios presentados en el congreso muestran datos que sugieren un aumento en la incidencia de cáncer entre los pacientes con apnea del sueño y una asociación entre el desarrollo del cáncer y la apnea del sueño.

En el primero de los trabajos, un equipo del Hospital Universitario La Fe de Valencia estudió a más de 5.600 pacientes procedentes de 7 clínicas del sueño diferentes con el fin de investigar la relación entre la apnea del sueño y la mortalidad por cáncer.

Los investigadores valoraron la gravedad de la apnea del sueño utilizando un índice hipoxemia. Este índice, explican, mide la cantidad de tiempo durante la noche que una persona sufre de bajos niveles de oxígeno en la sangre (menos de 90% de saturación de oxígeno).

El doble de riesgo

Los resultados mostraron que las personas con apnea del sueño que pasaron más de 14% de su sueño con unos niveles de saturación de oxígeno por debajo del 90% (por lo general los pacientes con apnea del sueño grave) tenían aproximadamente un riesgo relativo de muerte por cáncer dos veces mayor que los que no tienen apnea del sueño. Los resultados mostraron que esta asociación era aún mayor en los hombres y los jóvenes.

Las personas con apnea pueden ser tratadas con presión positiva continua en vía aérea (CPAP), que genera un flujo de aire que mantiene las vías respiratorias superiores abiertas durante el sueño. En el primer estudio, los pacientes que no estaban usando este dispositivo siempre tenían un mayor riesgo relativo de muerte por cáncer.

Según explicó Miguel Ángel Martínez-García, coordinador del trabajo, «hemos encontrado un aumento significativo en el riesgo relativo de muerte por cáncer en las personas con apnea del sueño. Estos datos se suman a las evidencias presentada a principios de este año que indicaban, por primera vez, una conexión entre el cáncer y la mortalidad apnea del sueño. Nuestra investigación ha hallado una asociación entre estos trastornos, pero esto no significa que la apnea del sueño provoque cáncer».

Mejorar el diagnóstico

Resultados similares se han dado en el segundo estudio, que mostró un aumento en todo tipo de incidencia de cáncer en personas con apnea del sueño grave. «Son necesarios más estudios para corroborar estos resultados y analizar el papel del tratamiento con CPAP sobre esta asociación. Esperamos que los resultados de nuestros estudios mejoren la tasa de diagnóstico de apena del sueño con el fin de que reciben el tratamiento adecuado», señaló Francisco Campos-Rodríguez, del Hospital Universitario de Valme, en Sevilla.

En un tercer estudio, también realizado en España, los investigadores utilizaron un modelo de ratón de cáncer de piel (melanoma) para investigar la extensión del tumor (metástasis) y si esto se relacionaba o no con la apnea del sueño.

Los resultados mostraron que la propagación del cáncer era más frecuente en los ratones que habían sido sometidos a aire hipóxico intermitente, con bajos niveles de oxígeno como en la apnea del sueño, que los que respiraban aire normal durante el experimento. El autor principal, Ramón Farré de la Universidad de Barcelona, destacó que «estos datos en animales sugieren un vínculo entre la propagación del cáncer y apnea del sueño, lo que proporciona una fuerte evidencia para fomentar estudios con el fin de comprender con más detalle la relación entre el cáncer y la apnea del sueño».

Cuando ser obeso puede ser saludable



Uno de los síntomas del inicio del 'nuevo curso' es cuando la publicidad inunda los sentidos con un único mensaje: quitarse los kilos cogidos en el verano. Si para lucir 'tipito' en la playa muchos se sometieron a la 'operación bikini', ahora llega el invierno y hay recuperarse de los excesos veraniegos. Además, la conciencia nos dicta que ya no es sólo un tema de apariencia, sino que ese sobrepeso, si no nos cuidamos, puede llevarnos a problemas importantes de salud.

Pero ahora dos estudios ponen de relieve que no todo lo obeso es sinónimo de mala salud. En algunos casos parece que al contrario. Mientras que desde EEUU nos hablan de obesos metabólicamente saludables, desde Suecia nos explican que esta población tiene incluso menos riesgo de morir si se ha desarrollado una enfermedad de corazón en lo que vuelve a ser un ejemplo de la llamada 'paradoja de la obesidad'.

Metabólicamente sanos

"Es sabido que la obesidad está ligada a un gran número de enfermedades crónicas, tales como los problemas cardiovasculares. Sin embargo, hay un grupo de personas obesas que parecen estar protegidas de estas patologías", afirma a ELMUNDO.es el doctor Francisco Ortega, investigador Ramón y Cajal de la facultad de Ciencias del Deporte de la Universidad de Granada y uno de los autores de este estudio.

Estos afortunados se caracterizarían por ser personas obesas (es decir, según el Índice de Masa Corporal -IMC- superarían los 30kg/metro cuadrado o tener un porcentaje de masa grasa mayor del 30% en mujeres y del 25% en hombres), metabólicamente sanas y en forma, sin mayor riesgo de desarrollar o morir por las clásicas enfermedades asociadas a los kilos de más. "Es más, las posibilidades de tener alguna de estas patologías son parecidas a las de una persona con peso normal", explica.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores llevaron a cabo su análisis en la University of South Carolina (EEUU) realizando el estudio más amplio sobre este tema, con 43.265 participantes. "A todos ellos se les reclutó de 1979 a 2003. Durante este tiempo realizamos test y tomamos datos de sus condiciones físicas y corporales; igualmente observamos las causas de muerte de aquellos que habían fallecido durante este tiempo", indica este investigador.

Los autores, que publican sus conclusiones en 'European Heart Journal', observaron que tenían un grupo de personas sanas y de peso normal, otro de obesos o mórbidos que desarrollaron problemas asociados a su peso y un tercer grupo "de algo más de 5.000 personas que estaban completamente sanas a pesar de su obesidad", indica Ortega.

Para hablar de este grupo de personas que Ortega estima en un 30% de la población obesa, "se mostraba que estaban sanos y aunque seguramente haya varios factores que expliquen su situación, nosotros encontramos que tenían una característica en común: su condición física".

"Cuando se realizan estudios sobre la obesidad se suelen medir parámetros clínicos como la tensión, la glucusa y demás, pero pocas veces se tiene en cuenta la condición física del paciente. En nuestro estudio medimos lo que se llama sus capacidades aeróbicas o cardiorrespiratorias, es decir, evaluamos en una prueba de esfuerzo su aptitud cardiorrespiratoria, así como las mediciones de talla, peso, circunferencia de la cintura y porcentaje de grasa corporal. Todos ellos presentaban una gran condición física, como la de cualquier persona de peso normal", prosigue este doctor.

Con estos datos, y ajustándolos al resto de parámetros estudiados, los investigadores llegaron a la conclusión de que este grupo de personas tenía un 38% menos de riesgo de muerte por cualquier causa asociada, comparado con el de sus compañeros metabólicamente menos sanos. "El riesgo de desarrollar o sufrir una enfermedad cardiovascular o un cáncer asociado a su peso se redujo entre un 30 a un 50% en estas personas", añaden en el estudio.

Pero el estudio va más allá de sus simples datos 'curiosos'. "Lo que hemos demostrado con estos datos es que la forma física es un factor importante para la buena o mala salud de la persona. Normalmente, cuando estas personas se realizan un chequeo se miden los parámetros clásicos de glucosa, colesterol o presión arterial, pero creemos que si se tiene en cuenta su condición física y la grasa corporal la estimación del riesgo cardiovascular de las personas obesas sería mucho más preciso", resume este especialista.

No es la primera vez que se estudia a los 'obesos sanos'. Científicos del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) detectaron hace dos años que algunas personas con obesidad mórbida estaban metabólicamente sanas, posiblemente por algún factor genético. Un resultado que, según indica a ELMUNDO.es el líder de la investigación, el doctor Francisco J. Tinahones, era "muy importante, pues se podría mostrar la clave para evitar enfermedades metabólicas aunque se incremente el tejido adiposo, así como posibilitar la investigación con nuevos fármacos siempre que se descubran los mecanismos por los que estas personas están sanas".

"Desgraciadamente, la salud de la mayoría de los obesos está asociada a diferentes enfermedades por esos kilos, pero no se puede meter en el mismo saco a toda la población obesa, de la misma forma que una persona con peso normal también puede tener problemas metabólicos. Si entendemos esto podemos dar diagnósticos más precisos para estas personas teniendo en cuenta otros factores no clásicos como la genética, el ejercicio o la flora intestinal, mientras se buscan terapias para el resto de obesos no sanos", reflexiona el doctor Tinahones.

La paradoja de la obesidad

Y si hay una parte de obesos sin problemas, otro estudio aparecido en la misma revista indica que el sobrepeso y la obesidad ayudan a tener un menor riesgo de morir cuando ya se ha desarrollado una enfermedad del corazón si se compara con aquellos que tienen un peso normal o están delgados.

En este caso, investigadores suecos estudiaron a 64.436 pacientes que habían desarrollado síndromes coronarios agudos, como la angina inestable o el infarto de miocardio entre los años 2005 y 2008.

Todos ellos se sometieron a una angiografía coronaria, es decir, un procedimiento en el que se utiliza un tinte especial y rayos X para observar el interior de las arterias coronarias.

"Hemos encontrado que los pacientes que tenían bajo peso (un IMC inferior a 18,5 kg/metro cuadrado) tenían mayor riego de morir por estas patologías cardiacas, justo el doble que aquellos que tenían un IMC normal (entre 21 a 23,5 kg/metro cuadrado). Sin embargo, su riesgo de morir por estas enfermedades era tres veces mayor que los que presentaban un IMC superior a 26,5; aunque eso sí, el riesgo más alto era para aquellos que sufrían obesidad mórbida, con un índice superior a los 40kg/metro cuadrado", indica el estudio.

Por todo esto, los investigadores concluyen en que creen "que no existe evidencia que demuestre que la reducción de peso en sí misma tenga un valor predictivo positivo después de un problema del corazón. En realidad, algunas evidencias sugieren que la pérdida de peso después de estos episodios pueden tener un efecto negativo", indican.

Confirman la eficacia del anillo vaginal para prevenir el VIH



Prevenir la transmisión del VIH a través de un anillo vaginal parece una opción cada días más cercana. Así lo sugiere un trabajo que hoy se publica en Science of Translational Medicine en el que, por vez primera, se ha demostrado la eficacia de un anillo vaginal que libera un microbicida en prevenir la transmisión del virus de inmunodeficiencia del simio (VIS). La investigación ofrece las primeras evidencias para que los anillos vaginales se conviertan en una vía para la administración de microbicidas, sustituyendo a las empleadas hasta ahora, como son los geles.

Desde hace unos años se está analizando el uso de anillos vaginales para prevenir la transmisión del VIH. Dos grandes ensayos clínicos se iniciaron en 2001 en África para probar la efectividad de los anillos vaginales. Los dos estudios -The Ring Study y el ASPIRE-, analizan la eficacia de un anillo vaginal que contiene un medicamento antirretroviral en miles de mujeres africanas. Ambos ensayos están diseñados para lograr, al menos, una reducción del 60 por ciento en el riesgo de VIH, pero los investigadores esperan obtener mejores resultados, que se presentarán en 2015.

Prueba de concepto

Por eso resulta tan importante esta «prueba de concepto» que acaba de publicarse en Science. «Los resultados confirman el uso de anillos vaginales como una vía eficaz para prevenir la transmisión del VIH a través de la administración de antirretrovirales», explica Naomi Rutenberg, del Programa del VIH y Sida de Population Council. Además, este trabajo, señalan los investigadores, es el primer paso de una estrategia más ambiciosa que persigue desarrollar un anillo vaginal que sea capaz, no sólo de prevenir el VIH, sino también otras infecciones de transmisión sexual como el virus del papiloma humano o el del herpes, así como prevenir los embarazos no deseados.

El estudio ha utilizado un microbicida, MIV-150, capaz de evitar la infección del VIH mediante la alteración de una enzima que el virus necesita para hacer copias adicionales de sí mismo.

Así, el equipo coordinado por Rachel Singer, evaluó la eficacia de anillos intravaginales cargados con el microbicida MIV-150 en un pequeño grupo de macacos. Para saber si el fármaco se había liberado correctamente, los científicos etiquetaron el medicamento con una marca radioactiva que reveló altos niveles del productos en los fluidos y tejidos vaginales de los animales. Los datos mostraron que el anillo protegía a los monos frente a la infección del VIS.

Los anillos vaginales, explican los científicos, liberan de forma constante el fármaco que es capaz de penetrar en los tejidos 30 minutos después de su inserción. Sorprendentemente, el equipo descubrió que, a diferencia de los geles que contienen MIV-150 y que han demostrado ser efectivos, el anillo funciona incluso cuando se inserta después de la exposición al virus. Además, como subrayan los autores, las dosis utilizadas en este estudio son más elevadas que las que se habrían utilizado en mujeres, dado que estudios previos han mostrado que dosis más bajas del MIV-150 en combinación con otros fármacos serían probablemente efectivas y tendrían, además, una gran actividad frente a otras enfermedades de transmisión sexual.

Discreto y seguro

Por otro lado, el uso de anillos vaginales permite abordar un obstáculo que ha impedido que se generalice el uso de algunos geles microbicidas, como es garantizar la adherencia al régimen recomendado. Con un anillo, explican los expertos, las mujeres no tendrían que acordarse de usar el producto. Así, que las mujeres tengan un método seguro, discreto y eficaz para prevenir la infección es algo de gran importancia especialmente en África, donde el VIH constituye una de las mayores amenazas para la salud de las mujeres, ya que representa la principal causa de muerte en el mundo en la población femenina situada en la franja de entre 15 y 44 años de edad. No hay que olvidar que en África subsahariana, donde tienen lugar la mayor parte de los nuevos casos de infección, el 60% de las personas que viven con VIH son mujeres, y las jóvenes de entre 15 y 24 años corren un riesgo más de dos veces superior de adquirir el virus que los hombres de su misma edad.